Si el amor pudiera tener un rostro,
llevaría las arrugas de una abuela,
porque cada una de ellas
es un mapa de besos,
de desvelos,
de sacrificios silenciosos
y de infinita generosidad.

Que Dios bendiga siempre a las abuelas,
esas mujeres extraordinarias
que convierten una casa en un hogar,
una familia en un refugio
y la vida
en un hermoso vergel.
Autora:Isabel Poyato Chacón