Hay temporadas tristes en la vida, días que pesan y ahogan, noches largas, calladas, infinitas, y heridas que no se ven… pero duelen.
Se tuercen los caminos de repente,
la suerte parece cerrar la puerta,
y hasta el alma, que antes era fuerte,
camina despacito y va desierta.
Se rompen planes, sueños y rutinas,
la risa se esconde en un rincón,
y se aprende a llorar en silencio.
Hay mañanas sin ganas de levantarse,
sin fuerzas para fingir que todo va bien,
porque la vida, a veces, sin aviso,
nos pone en tesituras otra vez.
Pero incluso en las peores momentos
cuando parece que no habrá solución,
queda una chispa pequeña y valiente
resistiendo escondida en el interior.
Porque las malas rachas no son eternas,
aunque el reloj parezca detenerse,
y hasta el árbol más golpeado por el viento
vuelve un día, despacio, a florecer.
Y tal vez mañana la pena te dé un respiro.
Te darás cuenta de que el dolor no era para siempre
y que hay una fuerza interior muy hermosa
en el simple hecho de seguir adelante.»