Estoy cansada.
No del camino,
ni de los años,
ni siquiera del peso de los días.
Estoy cansada
de caminar entre personas
sin que nadie pregunte
cómo late mi silencio.
A veces
solo necesito una mirada
que no tenga prisa,
unos brazos
que no busquen marcharse,
una voz que diga:
“Estoy aquí.”
Qué extraña es la vida
cuando se aprende
a esconder las lágrimas
detrás de una sonrisa
para no preocupar a nadie.
Hay noches
en las que el alma pesa más que el cuerpo.
No porque quiera rendirse,
sino porque ha sostenido demasiado
durante demasiado tiempo.
También yo necesito cariño.
Que alguien recuerde mi nombre
antes de necesitar un favor.
Que alguien llame
solo para saber si he sonreído hoy.
No pido grandes promesas.
Solo un poco de ternura.
Un lugar donde descansar el corazón
sin sentir que molesta.
Porque el amor
no siempre llega en forma de palabras.
A veces basta
con quedarse.
Y quizá mañana
el cansancio siga aquí.
Pero ojalá también llegue una mano,
una presencia,
un abrazo sincero
que me recuerde
que todavía existe un rincón del mundo
donde alguien
es capaz de mirar de verdad.
Autora: Isabel Poyato.