septiembre 6, 2026

Robar una tregua al tiempo

Las manecillas avanzan con una prisa ajena,

ciegas al deseo de robarle una tregua al calendario.

Nos movemos esquivando obligaciones y distancias,

arañando minutos a las esquinas de los días,

como si compartir una tarde

fuera un botín prohibido que hay que hurtarle a la rutina.

Qué difícil es a veces alinear dos vidas,

hacer coincidir el respiro con la pausa,

encontrar ese hueco diminuto en medio del ruido

donde el mundo se apague y solo quedemos nosotros.

Las horas se vuelven un rompecabezas terco:

los deberes que atan, los caminos que se cruzan tarde,

las ganas intactas esperando en la puerta.

Pero cuando por fin se rinde la prisa

y logramos sentarnos al mismo lado de la mesa,

el tiempo deja de correr y se acomoda a nuestro alrededor.

Cuesta tanto llegar hasta ese instante

que cada segundo compartido

pesa como el oro más limpio,

guardado a salvo del vendaval que espera afuera.

Autora: Isabel Poyato Chacón 

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