agosto 23, 2026

Mi gran amiga

Tú, para mí, perfecta desconocida,
pasó el tiempo, te hablé y, al conocerte,
descubrí que mucho de tu vida
con la mía, coincidía.

Después fuiste esa amiga que comprende,
esa amiga que escucha y que acompaña,
con quien puedo compartir lo que me duele,
que alegra, lo que el corazón extraña.

Si alguna vez, cuando te miro,
piensas que algo extraño hay en mis ojos,
que actúo diferente, sin motivo,
no creas que estoy enfadada,
ni pienses que he dejado de quererte.
Aunque a veces calle o me equivoque,
siempre podrás contar conmigo.

Y si alguna vez te hago daño,
no pienses que quise herirte;
mira a mis ojos, busca en ellos
la verdad que no supe decirte.
Quiero ser coherente contigo,
no equivocarme más de lo debido,
y seguir siendo siempre cómplice
de esa mirada que nos ha unido.

Una amiga no es quien te hace reír
contándote mentiras complacientes,
sino quien te hace pensar y reflexionar
con palabras sinceras y valientes.

En la oscuridad de alguna noche
me pongo a pensar en nuestra amistad:
una rosa puede un día deshojarse,
un castillo puede llegar a derrumbarse,
pero hagamos que nuestro cariño permanezca,
firme y sincero, hasta la eternidad.

La amistad es una perla
muy difícil de encontrar;
si tú y yo la tenemos,
la debemos cultivar,
fertilizarla con respeto
y regarla con lealtad.

Porque la amistad es como una gota de agua,
que también se puede secar
si mostramos indiferencia
o solo sabemos recibir sin dar.

Como amigas hemos de saber
cuándo hablar y cuándo callar;
pero, sobre todas las cosas,
hemos de saber escuchar.

No hacen falta llaves
para guardar nuestros secretos:
basta la confianza y la palabra,
esa promesa de no traicionarnos nunca,
de cuidar lo que compartimos
y hacer que nuestra amistad
jamás se vuelva vulgar.

Las verdaderas amigas a veces se hieren,
discuten y pueden equivocarse,
pero saben encontrar el camino
para volver a abrazarse.

Siempre se dicen la verdad,
aunque duela, aunque cueste,
porque la sinceridad también es amor
cuando nace de un corazón que ama.

Las amigas aprenden juntas los caminos,
se acompañan en cada paso,
y la verdadera amiga permanece
cuando los demás ya se han marchado.

Se necesita una amiga
para no sentir que estamos solas,
para que nos recuerde que vale la pena vivir,
para que nos acompañe en el dolor
cuando las fuerzas parecen agotarse.

Se necesita una amiga
que crea profundamente en ti,
que te recuerde quién eres
cuando tú misma lo hayas olvidado.

Yo busqué una amiga
y tuve la suerte de encontrarte.

¡Qué bello es el amanecer
cuando sé que cuento contigo!
¡Qué hermoso es el atardecer
sabiendo que sigues ahí!

Mi buena amiga nunca me miente,
siempre me dice la verdad.
Y entre todas las personas que la vida
ha puesto en mi camino para caminar,
hay una que ocupa un lugar especial:

mi gran amiga es Carmen,
en ella puedo confiar.

Y si algún día la vida nos separa
o el tiempo cambia nuestro caminar,
quiero que sepas, Carmen,
que siempre habrá un rincón de mi alma
donde nuestra amistad
seguirá teniendo su lugar.

Porque hay amigas que llegan por casualidad
y terminan convirtiéndose en familia.
Y tú, Carmen, eres una de ellas:
una amiga para la vida,
una amiga de verdad.

Autora: Isabel Poyato Chacón

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