El Umbral de las Doce
Se apaga el eco de lo que vivimos,
las horas viejas se vuelven papel,
y en el silencio de lo que fuimos
se escribe el rastro con un nuevo pincel.
No mires atrás con el alma herida,
que el día que muere fue solo un maestro;
guarda el abrazo, la risa encendida,
y suelta el lastre, que ya no es nuestro.
Hoy el destino es una hoja en blanco,
un mapa sin rutas, un mar por abrir,
donde el deseo quita el cansancio
y nos invita, de nuevo, a latir.
Que el nuevo día te encuentre valiente,
con el alma abierta y el paso seguro,
que el amor sea el norte,
la paz el presente,
y un brindis eterno por nuestro futuro
«Se desmorona el tiempo entre los dedos,
segundos, minutos, horas que hoy se vuelven memoria,
pero en el aire vibran nuevos credos
y el corazón reclama otra victoria.
Es el permiso sagrado de empezar;
dejar que el alma, libre de su jaula,
vuelva de nuevo el vuelo a retomar.
Gracias a lo que llega y lo que queda,
por la luz que atraviesa ventana,
porque el destino gire su moneda
y nos regale siempre un buen mañana.»
«Deja que el calendario se deshoje,
no temas al invierno que se va,
pues nada hay que la vida no recoja
ni sueño que el futuro no nos dé.
Guarda el aprendizaje en el bolsillo,
tira las sombras, quédate el rubí;
que el nuevo día sea el fiel anillo
de una risa a lo que está por venir.»
«El reloj no detiene su latido,
pero nos da un rincón para empezar;
olvidar el error, lo que fue ruido,
y volver a aprender a caminar.
Que el primer rayo del nuevo día
te encuentre con el alma en plenitud,
y que el destino, por fin, se enlace
con alegría y con juventud.
Porque no importa cuántos años pasen,
lo que importa es el brillo de la piel,
que el amor y la paz hoy abrazan
y guardan sitio en el vergel.»
Autora; Isabel Poyato