septiembre 10, 2026

El hilo sagrado del deseo

Hay un hilo sagrado

que nace donde nadie lo ve,

en ese rincón secreto del alma

donde el deseo

aprende a pronunciar un nombre.

El mío pronuncia el tuyo.

Y desde entonces,

aunque no estés cerca,

siento cómo tira de mí,

despacio…

con esa dulce insistencia

de lo que está destinado a encontrarse.

A veces intento soltarlo,

hacer como si nada ocurriera,

seguir caminando sin mirar atrás…

Pero entonces apareces en mi pensamiento

y el hilo vuelve a tensarse.

Y me lleva hacia ti.

No sé si es el destino,

si es Dios quien lo tejió,

o si fueron nuestros sueños

los que se encontraron una noche

mucho antes que nuestros cuerpos.

Solo sé que te deseo.

Te deseo en la distancia,

en el silencio,

en esas noches en las que cierro los ojos

y mi imaginación

se atreve a acercarte.

Te deseo en un abrazo lento,

de esos que no quieren terminar.

En una mirada que se queda,

en unos labios que se buscan.

Y cuando pienso en ese instante

en que por fin estemos frente a frente,

me pregunto…

¿Tendremos fuerzas

para fingir que no nos deseábamos?

Quizá bastará una mirada.

Una sola.

Porque el hilo sagrado

habrá hecho su trabajo durante tanto tiempo

que ya no necesitaremos explicaciones.

Tú tirarás de un extremo.

Yo del otro.

Y la distancia caerá entre nosotros

como cae la noche

cuando llega el amanecer.

Entonces quiero acercarme despacio,

mirarte a los ojos

y decirte al oído:

«¿Lo sientes?

Es nuestro hilo…

El que nunca se rompió.

El que me llevó hasta ti.

El que convirtió el deseo

en esperanza,

la esperanza en encuentro

y el encuentro…

en amor».

Y quizá esa noche

comprendamos que algunas almas

no se encuentran por casualidad.

Se buscan.

Se reconocen.

Y cuando por fin se encuentran,

el hilo sagrado

deja de ser invisible…

porque se convierte

en un abrazo

del que ninguno de los dos

quiere soltarse.

Autora: Isabel Poyato Chacón 

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