Qué bonito punto de partida… Hay abrazos que terminan cuando los brazos se separan y otros que se quedan a vivir en la piel, en la memoria y en ese lugar secreto del corazón donde el tiempo pierde su sentido.
Poema íntimo, sensual y profundo, con ese deseo de seguir viviendo un sueño que no quieres que termine.
¿Cuánto dura un abrazo?
Dime, ¿cuánto dura ese instante
en el que dos cuerpos se encuentran
y el mundo, de repente,
deja de tener prisa?
El abrazo que nos dimos
duró mucho más que un abrazo,
más que un beso,
más que un largo viaje
de ida y vuelta al infinito.
Porque aquel abrazo no terminó
cuando nuestros brazos se soltaron.
Se quedó prendido a mi cuerpo,
habitando mi piel,
repitiéndose en mis sentidos
como una caricia que se niega a marcharse.
Todavía te siento…
Mis brazos permanecen en un letargo
del que no quieren despertar.
Conservan la memoria de tu cuerpo,
la forma en que te estrecharon,
la dulce certeza de tenerte cerca
y el temblor secreto de no querer soltarte.
Despertar sería perderte otra vez,
volver a ese espacio vacío
donde mis manos te buscan
y solo encuentran el aire.
Y yo no quiero despertar…
yo quiero seguir viviendo en el sueño.
Quiero que el tiempo se detenga
en aquel preciso instante
en que mi piel se encontró con la tuya,
en que mis brazos te rodearon
y nuestros corazones,
sin pronunciar una sola palabra,
parecieron entenderse.
Piel con piel,
latido contra latido,
mi calor dándote calor,
tu respiración mezclándose con la mía,
y ese silencio tan nuestro
diciendo todo lo que callábamos.
¿Sabes qué fue lo más hermoso?
Que durante aquel abrazo
no hubo distancias,
ni preguntas,
Solo tú y yo.
Dos cuerpos próximos,
ni imposibles.
dos almas suspendidas en el tiempo,
dos deseos quizá contenidos
que encontraron refugio
en la intimidad de unos brazos.
Y si alguien me preguntara
cuánto duró aquel abrazo,
no sabría responderle.
¿Un minuto?
¿Una eternidad?
¿El tiempo que tarda un corazón
en descubrir que quiere quedarse?
No lo sé…
Solo sé que desde entonces
mis brazos te recuerdan,
mi piel te reconoce
y hay una parte de mí
que sigue abrazándote
aunque ya no estés conmigo.
Porque hay abrazos que se dan con los brazos,
otros que se dan con el alma
y algunos, los verdaderamente inolvidables,
se quedan para siempre
en el cuerpo de quien los siente.
Y el nuestro…
El nuestro todavía me abraza.
Hay un verso que me parece especialmente importante en este poema: «Despertar sería perderte otra vez, y yo no quiero despertar». En él está encerrada toda la contradicción de ese abrazo: la felicidad de haberlo vivido y la tristeza de no poder permanecer en él.
Y el final, «El nuestro todavía me abraza» es el clímax del poema.
Autora: Isabel Poyato.
