Homenaje de la Banda de Música de Arquillos a su recitadora, amiga y compañera, con todo su cariño
Los senderos de la vida me enseñaron a conocer a grandes personas a lo largo de mis viajes.
Una voz de dulce susurro
desnudó el aire.
Aire enmudecido por un sentimiento de quejidos,
bañados en belleza viva.
La frescura de su garganta
produce ecos de esencia y fragancia,
engalanando versos,
poesías y vivencias…
¡Qué grande eres, Isabel Poyato,
amiga!
¡Qué duendes habitan en tu garganta
para plasmar notas de pentagramas,
versos y estrofas,
que vistes de gala con tu arte,
dulces poesías en tus brazos
de gran soberana!
Fue tu frescura la que vistió su mejor traje;
tu sonrisa, el capote de paseo
en tarde de maestranza.
Fue tu recital el que, a golpe de llamador,
se elevó al cielo,
bailando entre oro, terciopelo
y bambalinas doradas.
Meciendo tu dulce arte
entre varales y costaleros,
fue el pueblo de Arquillos,
entre naranjos, olivos
y el rezo de su gente,
quien contempló a nuestra amiga Isabel
recitar como los mismos ángeles del cielo.
Como un manto de Sor Ángela,
tejido con puro amor,
para que en las tardes de Jueves Santo
luzca su vuelo por los rincones de Arquillos,
nuestro pueblo.
Tú, fiel pregonera de voz dorada,
iluminada por los reflejos
de tus rubios cabellos,
haces méritos para vestirte de terciopelo
entre acólitos de plata.
Isabel, al escucharte comprendí
que, con tu amor,
rendirías homenaje en nuestros conciertos,
con arte de campanilleros.
Y que, junto al trompetero,
a las puertas de San Francisco,
se anunciaría la salida
del Padre Eterno, clavado en la cruz.
¡Él era Jesús el Nazareno!
Isabel, que tus versos hechos canciones
sean la tinaja donde calmar tu sed
y el espejo donde mirarnos
con fervor y silencio.
Con todo nuestro cariño,
la Banda de Música de Arquillos,
a su recitadora, amiga y compañera.