octubre 8, 2026

“Cuando vuelvas”

Te encontré de nuevo
cuando la vida, con sus manos cansadas,
parecía haber borrado los caminos
que alguna vez nos llevaron al mismo lugar.

Y fue extraño…
porque algunas personas no regresan:
simplemente reaparecen,
como si el tiempo no hubiera pasado,
como si el alma supiera
dónde había dejado una parte de sí misma.

Nos reencontramos sin promesas,
sin exigirle al tiempo explicaciones,
y construimos de nuevo una amistad
de esas que no necesitan demasiadas palabras
para saberse verdaderas.

Yo aprendí a quererte así:
sin cadenas,
sin preguntas que dolieran,
sin pedirte más de lo que podías dar.

Porque sé que eres intenso,
que llevas dentro tempestades
que pocas personas alcanzan a comprender.
Sé que amas a Dios con una profundidad
que no necesita exigirle nada,
porque tu manera de amar también es agradecer:
por lo que llega,
por lo que permanece,
y hasta por aquello que duele cuando se va.

Y ahora te has ido otra vez.

No sé si huyes de mí,
de ti,
del ruido del mundo
o de aquello que llevas demasiado tiempo intentando callar.

Pero siento tu huida.

La siento en los silencios,
en los espacios que dejaste vacíos,
en esas palabras que ya no llegan
y que, sin embargo, sigo escuchando dentro de mí.

Quizá necesitas silencio.
Quizá necesitas paz.
Quizá necesitas desaparecer un poco
para poder encontrarte.

Y lo entiendo.

Aunque también sé
que dentro de ti existe esa contradicción
que te hace humano:
quieres estar solo
porque necesitas respirar,
pero la soledad también te pesa.
Buscas el silencio
y, al mismo tiempo,
deseas que alguien se quede cerca
sin preguntarte nada,
sin invadirte,
simplemente acompañándote.

Ojalá recuerdes que yo puedo ser ese lugar.

No para salvarte.
No para cambiarte.
No para pedirte que seas distinto.

Solo para estar.

Porque hay ausencias que no se llenan
con cualquier presencia.
Y la tuya, amigo mío,
ha dejado un espacio que conozco demasiado bien.

La vida ya nos enseñó
que puede ser cruel,
que puede arrancarnos personas
cuando todavía nos quedaban conversaciones,
abrazos,
días por compartir.

Por eso no quiero reclamarte tu partida.

Solo quiero decirte
que te espero.

No desde la desesperación,
sino desde el cariño.

No desde la necesidad de poseerte,
sino desde la certeza
de que eres importante para mí.

Porque hay personas que pasan por nuestra vida
y otras que, aun cuando se marchan,
siguen viviendo en ella.

Tú eres de esas.

Y si algún día vuelves,
no tendrás que explicar demasiado.

Ven con tu silencio.
Ven con tus dudas.
Ven cansado,
herido,
perdido o en paz.

Ven como seas.

Yo solo agradeceré a Dios
que nuestros caminos vuelvan a encontrarse.

Y si todavía necesitas distancia,
te la daré.

Si necesitas silencio,
respetaré tu silencio.

Pero mientras tanto,
habrá una parte de mí
que seguirá dejando una luz encendida.

Porque espero que vuelvas.

Porque tu amistad importa.

Porque tú importas.

Y porque, aunque la vida a veces nos arrebate
lo que más queremos,
hay afectos que no saben despedirse.

Solo saben esperar.

Autora: Isabel Poyato Chacón

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