octubre 30, 2026

A mi Inma

Hija mía,

luz que nació de mis entrañas 

y hoy brilla más allá de mis ojos.

Te vi crecer entre cuadernos y sueños,

preguntando al mundo

por qué late la vida

dentro de una célula diminuta.

Tú  eres bióloga,

doctora en genética,

mujer que descifra los secretos

que Dios escondió en los hilos del ser.

Tu esfuerzo ha tejido un camino

de noches largas y páginas eternas,

pero tu constancia —siempre firme—

convirtió cada duda en certeza.

Sobresaliente Cum Laude,

Mención Internacional,

así lo dictaminó el tribunal;

pero yo, que te conozco desde niña,

supe  desde siempre

que tu inteligencia

era solo la sombra

de tu bondad.

Hija del mundo

y orgullo de mi casa.

Cada logro tuyo es un eco

que me abraza por dentro

y me recuerda

que la vida me regaló

la joya más preciosa:

tú.

Sigue trabajando con amor Inma,

que tu nombre ya camina

entre estrellas de ciencia

y latidos de bondad.

Allí donde vayas,

llevarás siempre contigo

el abrazo de esta madre 

que agradece al cielo

el milagro de tenerte, 

y que te quiere 

más allá del tiempo.

Y sé que en cada paso

te acompaña Dios 

a quien rezas en silencio,  

al que entregas tus logros y tus batallas,  

porque tu fe es luz,

es raíz y es ternura,

es la voz que te susurra

que todo es posible

si se camina de su mano.

Autora: Isabel Poyato

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