Enredada en las estrellas
dejaré mis pensamientos libres,
sin cadenas, sin destino, sin fronteras,
que se pierdan por la inmensidad del universo
y se enreden, traviesos, con las estrellas.
Que viajen más allá de la luna,
que atraviesen galaxias y silencios,
que busquen entre nebulosas
ese lugar donde todavía te siento.
Y mientras la noche me acaricia,
dejaré que mi memoria me devuelva
aquello que hice contigo,
aquello que tanto disfruté
y que aún vive en mí,
como una llama que se niega a apagarse.
Volveré a soñar con lo soñado,
a imaginar lo que quedó pendiente,
a dibujar con los ojos cerrados
la dulce locura de tenerte.
Porque hay sueños que no se marchan,
deseos que no entienden de distancias,
y recuerdos que, al rozarnos por dentro,
despiertan la piel y encienden el alma.
Y yo…
yo sigo esperándote.
Esperando ese instante
en que el tiempo deje de ser nuestro enemigo,
en que no haya relojes ni despedidas,
ni razones para mantener las manos quietas
cuando todo mi cuerpo desea el tuyo.
Quiero tenerte de nuevo,
sentir que tus brazos me encuentran,
que tus manos recorren despacio
los caminos secretos de mi cuerpo,
y que tu boca, sin decir palabra,
me confiesa todo lo que calla.
Quiero acercarme tanto a ti
que se confundan nuestros alientos,
que mis labios busquen los tuyos
y un beso nos robe el pensamiento.
Sentir tu piel junto a mi piel,
la tibieza de tu pecho desnudo,
y ese temblor dulce y profundo
que nace cuando el deseo
se vuelve demasiado intenso para esconderlo.
Quiero perderme en tus caricias,
demorarme en cada pequeño gesto,
descubrir de nuevo tus rincones
y dejar que la noche nos cubra
mientras el deseo habla por nosotros
en el idioma secreto de los cuerpos.
Pero la realidad me despierta
y vuelve a poner distancia entre los dos.
Entonces llega ese dolor tan extraño
de querer y no poder,
de sentirte cerca en cada pensamiento
y tener que aprender a vivir
con las ganas de volver a tenerte.
¡Qué difícil es contener el deseo
cuando el corazón ya ha elegido!
¡Qué difícil es fingir indiferencia
cuando el cuerpo recuerda lo vivido!
Por eso, esta noche,
no pondré límites a mis pensamientos.
Que vuelen hasta ti,
que se sienten a tu lado,
que acaricien tu rostro mientras duermes
y se queden enredados en tu pelo
como estrellas que no quieren marcharse.
Y si por un instante
tú también piensas en mí,
si algo dentro de ti se estremece
y te sorprendes sonriendo sin saber por qué,
quizá sea mi deseo
que ha encontrado el camino hasta tu piel.
Porque hay encuentros que suceden sin tocarse,
besos que se dan en la imaginación
y cuerpos que, aun estando lejos,
se buscan en el silencio.
Y yo seguiré aquí,
soñando con lo esperado,
esperando lo que quizá nunca llegue,
amándote en ese lugar sin tiempo
donde todo es posible
y nada necesita explicaciones.
Dejaré mis pensamientos libres…
Que jueguen con la luna,
que se enreden con las estrellas,
que pronuncien tu nombre en voz baja
y que, cuando la madrugada despierte,
regresen a mí con tu aroma,
con el recuerdo de tus manos
y con el dulce tormento
de todo lo que aún deseo de ti.
Porque, aunque la vida me diga no puedes,
aunque la razón me ordene olvidarte,
hay una parte de mí que sigue susurrando:
«Si supieras cuánto te deseo…
si supieras cuántas noches te invento,
cuántas veces vuelvo a tenerte
sin que tú estés aquí…
Quizá comprenderías
que no todos los deseos se apagan,
que hay pasiones que sobreviven al silencio
y que algunas personas,
consiguen quedarse a vivir
en lo más íntimo de nuestra piel».
Autora: Isabel Poyato
incluso desde lo imposible,
