En la sombra cómplice de la noche callada,
la zorrita acecha, juguetona y descarada;
sus ojos, dos faros que incendian la estancia,
y su corderillo late, vencido por el ansia.
Ella es fuego vivo, llama que no perdona,
mueve sus curvas, su piel que emociona;
un roce travieso, un suspiro, un beso,
y la caza comienza, y comienza el juego.
Corderillo tierno, de mirada inocente,
se vuelve salvaje bajo su mano ardiente;
siente el cosquilleo, la piel se eriza,
la zorrita sonríe, traviesa y sumisa.
Se enredan las colas, se encienden los cuerpos,
entre susurros cálidos y secretos inciertos;
boca que provoca, lengua que se atreve,
la zorrita manda y el corderillo se mueve.
Sus manos se deslizan con ritmo atrevido,
exploran senderos de gozo escondido;
y él se abandona, rendido al deseo,
mientras la noche se convierte en un sueño.
Parece que el mundo se para y se quiebra,
que el tiempo se pierde, que nada recuerda,
cuando la zorrita a su corderillo celebra
entre dulces mordiscos y caricias sin tregua.
Corderillo, gemelo de un deseo profundo,
busca entre sus labios su rincón de otro mundo;
ella le ofrece tormenta y calma en su pecho,
un huracán de besos, un abrazo perfecto.
Ella es la reina de aquel juego prohibido,
él es su corderillo, cautivo y rendido;
se pierden juntos entre piel y sentidos,
enredados siempre, despiertos y dormidos.
Ríen entre jadeos, entre manos que vuelan,
los cuerpos se buscan, la piel se desvela;
un latido rápido, un suspiro intenso:
la zorrita y su corderillo, en fuego inmenso.
Las sábanas guardan sus secretos ardientes,
sus noches de luna, sus horas candentes;
allí donde el amor juega sin reglas ni tiempo,
solo existen ellos, perdidos en su encuentro.
Ella lo domina con mirada de fuego,
él se entrega a ella sin miedo ni ruego;
un juego de amantes, de piel y de antojo,
la zorrita sonríe… y él se ruboriza de rojo.
Y cuando la luna se esconde en la aurora,
entre risas bajas y caricias que afloran,
la zorrita y su corderillo, en dulce alianza,
saben que el deseo es su eterna danza.
Autora; Isabel Poyato Chacón