🤍 En la Tarde Contigo
Ya no hay prisa, amor, ya no hay ruido,
solo el suave murmullo del té,
y tus manos —tan tuyas, tan mías—
saben todo lo que no conté.
Compartimos silencios dorados,
los matices que el tiempo dejó;
no hacen falta promesas ni flores,
nos basta el instante, el calor.
Caminamos despacio, sin mapa,
con el alma sentada en la piel,
y el sol nos sonríe de lejos,
bendiciendo este dulce vaivén.
Fuiste amor de verano y de fuego,
y ahora eres hoguera en mi paz,
compañero de tardes de lluvia,
de mantas, de sopa y pan.
Y si el mundo se apaga un instante,
si el cuerpo se olvida de andar,
yo sabré que en tus ojos se queda
mi historia, mi hogar, mi lugar.
Autora: Isabel Poyato Chacón