Para quienes han amado con furia, sin medida, sin redención… ni arrepentimiento.
Besando demasiado, sin aviso,
crucé fronteras, muros, juramentos,
rompí las leyes frías del buen juicio
y me bebí tus noes como vientos.
No fui caricia tímida ni ruego,
ni beso de novela ni descanso,
fui filo, cicatriz, relámpago ciego,
fui hambre, fue mi boca un puro lanzo.
Besando demasiado me hice bruma,
me hice fuego en tus párpados dormidos,
y el mundo se rendía en cada espuma
que hallaba en tus rincones escondidos.
No fui medida: fui desobediencia,
la falta que se ama aunque castigue,
la lengua que profana y que bendice,
el alma que al pecar se vuelve esencia.
Besando demasiado… me rompí.
Y tú también. No hay tregua en este juego.
Pero ¡maldito el día en que aprendí
a no besarte más por puro apego!
Porque besarte poco… no sabría.
Y eso, amor, sería peor castigo:
vivir sin ese fuego cada día,
sin morder tu verdad, sin ir contigo.
Auto:Isabel Poyato Chacón