El Amor que Dios Sembró
Dios puso amor en la mañana
cuando despierta el nuevo día,
en el abrazo que acompaña,
en la palabra que alivia.
Puso amor en las miradas
que hablan sin necesidad de voz,
en las manos entrelazadas,
en el consuelo que nace de Dios.
El amor no tiene fronteras,
ni entiende de edad ni condición;
vive en las almas sinceras
y florece dentro del corazón.
Es amor la madre que espera,
el amigo que sabe escuchar,
el abuelo que siempre recuerda,
el niño que aprende a amar.
Es amor compartir el pan,
perdonar cuando duele hacerlo,
tender la mano al que está detrás
y acompañar al que va sufriendo.
Dios nos hizo para querernos,
para dar sin pedir recompensa,
para encender en los inviernos
una luz de bondad inmensa.
Porque cuanto más amor damos,
más amor vuelve a renacer;
es un regalo que multiplicamos
cada vez que sabemos querer.
Y cuando la vida se vuelva oscura
y parezca faltar el calor,
recordemos esta verdad segura:
Dios es la fuente del amor.
Y quien ama de corazón sincero,
sin orgullo, sin condición,
lleva un pedacito del cielo
guardado dentro del corazón.
Autora: Isabel Poyato Chacón