Alza la voz al pregonar
porque la alegría que anuncia
no cabe en un susurro.
Su voz busca ser eco de una esperanza
que resuene en cada rincón de los corazones.
Sus palabras acompañan,
nos enseñan caminos,
y nos alumbran en la fe.
Sus palabra no tiemblan,
se sostienen.
Tienen el peso
de quien ha pensado
antes de de hablar.
Camina despacio,
como quien sabe
que las prisas no curan
las heridas del alma.
En sus manos cabe el silencio,
la escucha sincera,
y la fuerza de quien sabe amar
Detrás de la estola
Hay un hombre que también se cansa,
que también lucha
Y que también necesita ser cuidado.
Su paso no busca el llano confortable.
Sino las ascensión exigente,
Sabiendo que solo en lo alto,
Donde el aire es más puro
Y la cuesta más brava
Se encuentra la verdadera voz de su ministerio.
Autora: Isabel Poyato Chacón