
“El Trono del Silencio”
Por Isabel
De la serie La Edad Bonita.
Se apaga el pulso, se rinde la armadura.
Donde ayer hubo fuego hoy solo cenizas quedan.
La vida es un incendio, un arrebato,
la muerte es el asombro y es el trato que firma el vencedor con el vencido.
Todo el imperio que el hombre ha conseguido
se desvanece al entregarse el alma.
¿Qué fue del oro, el nombre y la riqueza?
La muerte no negocia ni perdona,
recupera su sitio y su derecho.
La vida es solo un huésped en la tierra por un tiempo,
pero la muerte es sombra dominante,
la dueña de la luz y la energía.
Vence a la piedra, al tallo que florece,
vence al invierno y al sol de la mañana;
mientras la vida lucha y padece,
la muerte espera, mística y lejana.
Se quiebra el eco de la voz humana,
la ambición se disuelve en el vacío;
la muerte es la marea que se cobrará cada cauce y cada río.
No queda rastro de los besos
que los labios prometían,
pues la muerte es la suma de la vida,
un eclipse total, el fin del vuelo.
Todo la muerte lo borra en un momento.
Ya no hay latido, ni color, ni huella,
solo el triunfo del frío y del reposo;
triunfa lo eterno, lo que no respira,
lo que no siente ni quebranta.
La vida fue el engaño y la mentira,
la muerte la verdad bajo el espanto.
Y en ese abrazo final, donde todo acaba,
triunfa la nada que siempre nos buscaba.