mayo 20, 2026

El Silencio

El silencio
Cuando el dolor se instala en el pecho, no es un vacío; es una presencia pesada y densa. Es un murmullo sordo que parece apagar el resto del mundo, una frecuencia que solo entiende de ausencias y de ese nudo en la garganta que no encuentra salida. En esos momentos, el silencio suena a pasos lentos, a una calma impuesta que cala hasta los huesos, donde la pena se siente como una marea alta que lo cubre todo.
Pero incluso en la profundidad de esa quietud, el silencio empieza a transformarse.
Poco a poco, casi sin que te des cuenta, ese vacío absoluto comienza a dejar espacio para un suspiro que ya no es de cansancio, sino de alivio. Entre las sombras del duelo y la impotencia, empieza a filtrarse un destello de luz, una pequeña rendija que ilumina el suelo que pisas. El silencio deja de ser un muro para convertirse en un lienzo donde el alma, con una fe renovada, empieza a trazar nuevas formas.
Ese gris plomizo se va disipando para dar paso a los primeros matices de color: el verde de la esperanza que brota en las grietas, el azul de un cielo que vuelve a parecer inmenso y limpio. La tristeza, que antes era un grito mudo, se va suavizando con palabras de aliento que llegan desde adentro o de una mano amiga, recordándote que tu fuerza es más profunda que cualquier herida.
De pronto, el silencio se llena de música. No es una orquesta estridente, sino la melodía suave de la alegría que regresa, humilde y verdadera. Es el sonido de una risa que vuelve a sentirse propia, de un corazón que, tras haber estado en pausa, decide latir con ganas. Donde antes hubo un hueco frío, ahora hay un hogar cálido; donde hubo pena, ahora florece la vida, recordándonos que tras la noche más larga, el sol siempre encuentra la forma de volver a brillar.

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