agosto 9, 2026

El amor que se llama Gloria

Estar contigo
es vivir en la cúspide de la alegría,
allí donde el corazón pierde el miedo
y la vida se vuelve poesía.

Esta noche me siento feliz,
de esa felicidad que no sabe quedarse callada,
y me nacen versos en los labios
solo por pensar en tu mirada.

Porque quiero gritarle al mundo
que te amo sin medida,
que si tuviera que ponerle un nombre
a la dicha de mi vida,
ese nombre sería Gloria.

No porque Gloria seas tú,
sino porque así se llama
lo que sucede dentro de mí
cada vez que estás cerca.

Me deslumbras con tus ojos,
esos ojos que no miran…
desarman.
Que atraviesan mis defensas,
me roban la calma
y, con una sola mirada,
parecen desnudarme el alma.

Y qué peligro tienes cuando sonríes…
porque entonces mi cordura
se marcha discretamente
y me deja a solas con las ganas.

Pienso en ti incluso
cuando no estoy pensando,
y tus canciones se han convertido
en mi pequeño amuleto.
Las escucho
y vuelves a mí,
con tus gestos, tu manera de acercarte,
esa forma tan tuya
de hacer que parezca que nunca te fuiste.

Contigo me siento viva.
Me vuelves loca,
pero de esa locura bonita
que una no quiere curarse.

Basta imaginarte
para que se me desborde el corazón
y, alguna que otra vez,
también la imaginación…
porque hay pensamientos
que tienen muy poca vergüenza
cuando llevan tu nombre.

Recuerdo tus besos en el sofá,
suaves, lentos,
como si el tiempo hubiera decidido
sentarse también con nosotros.

Un café entre las manos,
una melodía de fondo
y ese silencio nuestro
que dice mucho más
de lo que podrían decir mil palabras.

Contigo vuelo entre las nubes,
me adentro en el mar sin miedo,
bailo aunque no haya música
y sonrío porque sé
que tú entiendes mis pasos.

Y cuando llega la noche,
cuando las miradas se quedan demasiado tiempo
mirándose,
cuando el deseo se mezcla con la ternura,
descubro que amarte
también es aprender
que la piel puede hablar
sin pronunciar una sola palabra.

Entonces te beso los labios,
la frente, las manos…
y hasta esos pensamientos tuyos
que me vuelven loca.

Decidí amarte hace mucho tiempo.
Tanto,
que a veces presiento
que ya te amaba antes de encontrarte,
como si mi corazón hubiera sabido tu nombre
mucho antes que yo.

Cuando no estás,
tu ausencia me inquieta.
Te extraño en los rincones,
en las canciones,
en las pequeñas cosas del día.

Pero cuando estás conmigo…
ah, cuando estás conmigo,
todo cambia.

El mundo parece quedarse afuera,
el reloj pierde las prisas
y yo vuelvo a ser esa mujer
que todavía se sorprende
de poder sentir tanto.

Porque si existe en el universo
algo más hermoso,
más profundo
y más poderoso que el amor,
yo no sé cómo se llama.

Solo sé cómo se siente.

Se siente cuando me miras.
Cuando me rozas.
Cuando me besas.
Cuando me haces reír.
Cuando te acercas
y mi corazón, traicionero,
empieza a latir como si tuviera dieciocho años.

Por eso digo que se llama Gloria.

Porque Gloria es cerrar los ojos
y saber que eres feliz.

Gloria es tenerte cerca
y no necesitar nada más.

Gloria es quererte con ternura,
desearte con picardía,
mirarte con hambre de besos
y abrazarte como si el mundo
pudiera acabarse mañana.

Y si alguna vez me preguntas
qué es para mí el amor,
no buscaré palabras complicadas.

Te miraré.

Sonreiré.

Me acercaré un poquito más…

Y te diré bajito:

—El amor es esto que me haces sentir cuando estás conmigo.
Y yo, contigo,
me siento en la gloria.
Autora Isabel Poyato

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *