mayo 20, 2026

Pero escúchame bien

¡Pero escúchame bien!

Te quise como se quiere la vida

sin medida, sin miedo, sin vuelta atrás.

Te di mis días, mis noches, mis silencios,

y hasta lo que nunca supe nombrar.

Fuiste casa… y fuiste ruina.

Abrigo… y luego tempestad.

Me prometiste cielos eternos

y me dejaste aprendiendo a respirar en soledad.

No fue solo el engaño,

fue la forma en que rompiste mi fe,

la manera en que mirabas a mis ojos

mientras yo no acertaba a ver.

Me dejaste hecha pedazos,

con heridas que no saben cerrar,

con preguntas que sangran despacio

y recuerdos que no quieren callar.

Y aun así… te olvidaré.

Aunque duela, aunque 

arrastre tu nombre en la piel.

Te olvidaré como se olvida un incendio:

con cenizas… pero sin volver a arder.

Y te odiaré, sí, te odiaré en silencio,

no por lo que fuiste,

sino por lo que hiciste de mí.

Porque hay amores que no mueren…

pero se entierran.

Y yo…

yo ya estoy empezando a cavar.

Y seguiré cavando, aunque me tiemblen las manos,

aunque cada palada levante tu voz.

Porque no hay descanso en los recuerdos

cuando aún llevan tu olor.

Me robaste la inocencia del querer tranquilo,

la fe en las palabras que suenan a verdad,

y ahora cada promesa me sabe a mentira,

cada caricia… a traición disfrazada de paz.

Hay noches en que te escupo rabia,

y otras en que te lloro sin querer,

porque el amor no entiende de orgullo

y el dolor no aprende a obedecer.

Pero escúchame bien, aunque no estés:

no me quedo rota para siempre…

Un día diré tu nombre sin que me duela,

sin que me arda la voz al pronunciarlo.

Y ese día, sin rencor ni lágrimas,

serás solo un capítulo…

que por fin he terminado.

Y entonces sí,

ni odio… ni amor… ni recuerdo.

Solo un vacío tranquilo,

donde ya no existas…

ni siquiera en mis sueños.

Te llevaste lo mejor de mí sin permiso,

como un ladrón que besa antes de huir.

Y yo, ciega de amor,

aplaudiendo la herida que me hacía sangrar por ti.

Me hablaste de siempre

con la voz llena de nunca,

y yo construyendo futuros

sobre una verdad que ya estaba difunta.

Qué fácil te fue romperme…

qué arte tuviste al mentir.

Yo apostándolo todo por nosotros,

y tú… apostando a escondidas por salir.

No sabes lo que es mirarte en el espejo

y no reconocerte del dolor,

sentir que te han vaciado el alma

y aún así… seguir latiendo el corazón.

Pero escúchalo bien, aunque no vuelvas:

no todo lo que rompiste se perdió.

Entre los restos de esta guerra

también ha nacido alguien… otra, la que ahora soy yo.

Y esa mujer que hoy se levanta

con la voz clara y firme al andar,

no volverá a mendigar cariño,

porque  te quise… sí,

pero ahora, me quiero yo.

Porque te quise… sí,

pero a mí me traicioné por amarte.

Me rompí en mil formas para encajarte

y aún así… nunca fui suficiente.

Pero eso se acabó.

Porque  ahora, me quiero más yo.

Porque ya no te quiero,

y el odio… tampoco te lo regalo.

Eres menos que eso.

Eres nada.

Y yo…lo soy 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *