Amanecer y anochecer.
Alfa y Omega
De la serie “La Edad Bonita”
Por Isabel.
El amanecer, primera verdad que nace,
caricia que despierta el alma inerte.
En sus dedos trae la chispa que renace,
claridad que purifica, pulso fuerte que advierte:
«Levántate de nuevo, pues aún eres milagro.»
La luz se posa sobre ti, sagrada,
y por un instante —solo uno—
el mundo parece respirar desde tu nada.
Pero llega el anochecer,
profundo, silencioso, inevitable,
y te envuelve con la sabiduría que el tiempo sabe ver.
No viene a cerrar; viene a desvelar
palabras no dichas, emociones contenidas,
las estrellas que solo se atreven a brillar
cuando la sombra te mira sin medidas.
El amanecer es alfa, la puerta que se abre sin preguntar, el grano de luz donde todo es principio.
El anochecer es omega, el abrazo que cubre lo vivido, la calma que susurra al final: que incluso lo que concluye
sigue siendo tuyo, sin igual.
Y entre los dos —entre alfa y omega—
tu alma camina:
luz que tiembla,
sombra que comprende,
verdad que se busca
en cada aurora, en cada adiós,
en cada día que te nombra.
Porque cuando el amanecer te toca, naces.
Y cuando el anochecer te envuelve, sabes.
En ese hilo sagrado donde principio y fin se encuentran,
tú sigues brillando,
sigue diciendo quién eres,
y la vida —tu vida—
se vuelve poema.
Isabel Poyato.
