junio 4, 2026

Marioneta de luz

Marioneta de luz

He caminado sin darme cuenta
de que pisaba el suelo.

Los pasos sucedían solos,
como si el tiempo me llevara en brazos
por senderos que no conocía.

No sentía la cabeza.

Ni siquiera el peso
de los años guardados en la espalda,
ni las heridas antiguas,
ni las preguntas que tantas noches
se quedaron sin respuesta.

No sentía ninguna parte del cuerpo.

Era algo distinto.

Como si el alma,
cansada de arrastrar cadenas,
hubiera decidido abrir las ventanas
de golpe.

Parecía una marioneta,
sí,
pero no de aquellas que obedecen al miedo.

Era una marioneta de luz,
sostenida por unas manos invisibles
que movían los hilos del universo.

Y entonces llegó.

Aquella sensación.

La paz.

La felicidad.

No una alegría ruidosa
ni una sonrisa prestada.

Era una calma inmensa,
profunda,
capaz de silenciar todas las tormentas.

Una sensación que llevaba años
sin sentir.

Años.

Y cuando por fin regresó,
comprendí cuánto tiempo había vivido
respirando sin aire,
sonriendo sin alegría,
existiendo sin estar realmente viva.

Aquella noche
el mundo siguió girando.

Pero yo no.

Yo me quedé suspendida
entre el cielo y la tierra,

sin notar el suelo bajo mis pies,

mientras algo dentro de mí
volvía a latir
con la fuerza de quien regresa
a casa
después de una larga ausencia.

Isabel Poyato

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