
Gracias, mis soles, por cada jornada,
por vuestras risas de luna dorada,
por esos brazos que al verme se lanzan
como los vientos que todo lo abrazan.
Gracias, Daniel, tan sabio y sincero,
con tus preguntas de niño viajero.
Tu voz me lleva por mares lejanos,
y yo navego al son de tus manos.
Gracias, Alex, pequeño torbellino,
cariño puro, alegría en mi camino.
Tus ojos hablan con tanta ternura,
que al mirarte, se acorta mi altura.
Gracias, Aday, hermano del encanto,
con ese modo de reír y esa mano que pega tanto
Cuando me nombras, se enciende el día
y mi alma entera canta de alegría.
Tres corazones latiendo conmigo,
tres luceritos marcando el camino,
tres nietecitos que en mí han dejado
un jardín vivo, tierno y sagrado.
Algún día, cuando ya no esté presente,
susurrará el viento en vuestra frente,
entonces , mirad al cielo, y entre las estrellas,
veréis a Mimau, aún más risueña.