Anoche, noche de luna vieja,
yo dormía,
mientras soñaba que tú reías.
Me desperté a las cuatro.
En el silencio de mi soledad
y la quietud de esa hora,
comencé a llorar
con mi alma confundida,
porque vi tu estrella apagada
entre rosas encarnadas.
Mi corazón oprimido
escuchó en silencio
gritos delirantes,
sometidos al lento aliento de la tierra.
Gritos sofocados
resistiendo a la fuerza del tormento,
entre dolor y agonía.
Cuánto daría para que estuvieras conmigo,
aquí, a la varita mía,
todo mi espacio para ti sería.
Si vuelves y me das tu amor
yo te entrego mi corazón,
porque tú…tú eres el cenit de mi vida.
Mis brazos están abiertos,
te esperan con deseo y pasión.
Si no vuelves enloqueceré delirante,
y lloraré con rabia y dolor.
Aguantaré el sufrimiento
en mis noches de cólera,
con gritos de dolor,
ardiendo en un fuego invisible,
donde solo cenizas quedarán.