marzo 21, 2021

LA MUJER TRABAJADORA

         Es evidente que, hasta por la forma de andar de una persona, se puede percibir el nivel de seguridad en sí mismo que emana de ella.

      Los pasos, dados con firmeza por esos zapatos de medio tacón dentro de los cuales van embutidos unos pies femeninos advirtieron a los empleados que, tras sus respectivos puestos de trabajo, que la jefa acababa de llegar.

      Isabel Hernández  lleva cuatro años trabajando en esta empresa. 

      Son las 08:30 de la mañana. Isabel va vestida con un traje de chaqueta y pantalón. Una preciosa blusa de seda de color amarillo caramelo contrasta perfectamente con el negro del traje. Completa el atuendo un collar  elegido ciertamente con buen gusto, que cuelga airosamente de su pecho, del que se insinuaba discretamente la canal por dos botones sueltos en la blusa. Cogido firmemente por el asa,  sujeta un maletín de cuero marrón claro, brillante.

      Isabel no es excesivamente alta, sobrepasaba ligeramente la altura media de la mujer española que es de 1.70. 

      Más bien delgada, pelo castaño claro, lo lleva graciosamente recogido detrás de la nuca, en una cola de caballo. Tiene 47 años. Es, en conjunto, una mujer atractiva.

      Avanza unos pasos dirigiéndose hacia su despacho que está al final de la sala. Mientras camina, una ligera sonrisa asoma a su agraciado rostro mientras da los buenos días a los empleados. Al final del recorrido pasa junto a una mesa:

      “- Buenos días, Mari Carmen”

      “- Buenos días, Isabel”

      Mari Carmen es su secretaria. Lleva trabajando junto a ella bastante tiempo. Eso le otorga bastante confianza con su jefa, por eso se tutean aunque siempre se tratan con el máximo respeto, ya que Mari Carmen sabe perfectamente cuál es su lugar.

Es una secretaria muy eficaz y ambas forman un buen equipo. Su mesa está situada a escasos metros de la puerta del despacho de Isabel. En la puerta del despacho se puede leer un rótulo que está casi a la altura de sus ojos. Es una plaquita de metal negro en el que destacan, grabadas en dorado con caracteres sobrios, estas palabras: 

Isabel Hernández

Directora General

      Efectivamente, Isabel es la Directora Ejecutiva de la Compañía de Eléctrica AURORA BOREAL.

      Se quita la chaqueta en cuanto entra y la cuelga en una percha que está al fondo. Se sienta. Enciende su Mac y pone delante el maletín extrayendo de él diversas carpetas. También saca documentos sueltos que coloca cuidadosamente a un lado del ordenador. Dedica unos minutos a comprobar los correos electrónicos, por si hay alguno de carácter urgente. Esta mañana ha habido suerte, casi todos son rutinarios y recordatorios invitándola a reuniones o temas pendientes que tienen una fecha de caducidad. Llama a su secretaria, la cual  adivina lo que desea su jefa.

      “- Si, Isabel, te traigo el descafeinado en seguida.

      “-Si, tráelo por favor. Ah, ah, y la agenda, quiero que me refresques los temas pendientes del día”.

      “- Ahora mismo” – le contesta Mari Carmen,y sale del despacho.

      A los pocos momentos regresa con una taza humeante que está depositada sobre una pequeña bandeja metálica. Se sienta delante de Isabel, cruza las piernas y apoya sobre ellas una gruesa agenda, de pastas color grantate y empieza a leer los compromisos de la mañana.

      “- A las 9 –comienza a enumerar– tienes video conferencia con los Jefes de Departamento y  los Supervisores de las áreas de venta. El tema principal son las estadísticas de ventas. Cuando termines, debes llamar a Don Javier Poyato, nuestro Presidente, que ha tenido que salir urgente hacia Santiago de Compostela, para resolver problemas que han surgido en la plataforma de allí.     

Isabel conoce las técnicas más modernas de Gestión de Empr loo esas. Estudió Ingeniería Eléctrica., complementando la carrera con un Master en Automatizacion y Robótica. Habla inglés, con fluidez. Resumiendo, es una ejecutiva moderna y dinámica, por ello ascendió de forma rápida en la empresa para ostentar, a los pocos años, el cargo que ocupa.

      Ella es un ejemplo claro de lo que es la mujer trabajadora. Hecha a sí misma y habiendo conocido y vivido en lugares muy inferiores en la vida, pero eso lo contaré más adelante.   

Trata a los empleados con agrado pero manteniendo las distancias. 

     Una vez bien definido el personaje actual, ¿quién es Isabel Hernández? ¿Cómo llegó a este cargo? ¿Cuáles son sus orígenes?

Para contestar a estas preguntas vamos a hacer una vuelta al pasado para situara nuestra heroína en su niñez.

      Históricamente haber nacido mujer es una desventaja comparando el hecho con el hombre. Es cierto que se han conseguido avances importantes con respecto a tiempos pasados en la igualdad  con este. La mujer, injusta y tradicionalmente ha sido siempre relegada a un segundo lugar, ignorando sus capacidades intelectuales para competir con el  hombre. La sociedad ha mejorado bastante ante esto , pero aún queda muchisimo espacio por recorrer. 

      Isabel no solo tenía que convivir con la desventaja de nacer mujer, sino que además tuvo que hacerlo en una época en la que las cosas no estaban como en la actualidad, ni económica ni políticamente, y los esfuerzos de la mujer por sobresalir en el ámbito laboral era y sigue siendo  un reto exhaustivo que además pocas veces es reconocido, y rara vez premiado. 

Nació en el seno de una familia obrera, humilde,  el  único sueldo que entraba a su casa era el de su padre. Su madre tenía que hacer verdaderos milagros para estirarlo de forma que pudiera llegar a final de mes. Eran cinco en la familia.

     Asistió a la Escuela Primaria, donde, desde niña, destacó por la inteligencia que poseía. Cuando terminó sus estudios de Primaria, quiso seguir estudiando, pero desgraciadamente ya eran estudios de pago y sus padres no podían.  Gracias a algunos profesores que la ayudaron a solicitar una beca pudo seguir con sus estudios.

     Por desgracia, su padre falleció antes de que ella terminara la carrera y tuvo que ponerse a trabajar de dependienta en unos grandes almacenes para ayudar en casa. Pero ella, obstinada  como era, se sacrificó   asistiendo a  clases nocturnas.  

En los almacenes, que eran un establecimiento importante en la ciudad , destacaba por su amabilidad con los clientes así como por el sentido del orden y de la organización, hechos que, sumados, no pasaron desapercibidos por la Gerencia que la promocionaron al cabo de poco tiempo a encargada de la Sección de Electrónica. Sus compañeros, entre los cuales ya había adquirido un bien ganado prestigio, la nombraron enlace sindical. Isabel era hábil para conciliar los intereses de los empleados con los de la empresa.

      Pero ella tenía otras ambiciones laborales, quería escalar posiciones más altas, y, al igual que hizo cuando estudiaba Bachillerato en clases nocturnas, como estaba entrenada en ello, comenzó a estudiar Empresariales, para ello se matriculó en la UNED

      En los almacenes siguió trabajando dos años más, pero dejó esta empresa para colocarse en una Cooperativa de Aceite de Oliva, que controlaba varias almazaras. Aquí ingresó en un cargo directivo que la empresa necesitaba cubrir, por sus conocimientos y estudios así como por los buenos informes que la Cooperativa obtuvo de ella.            

      Con el tiempo, no fueron pocos los malos momentos que tuvo que superar por las trabas, envidias y desconfianzas que, por su capacidad intelectual, suscitaba a menudo por el hecho de ser mujer. 

      Tener que competir con hombres en un mundo que parecía estar diseñado exclusivamente para ellos la perseguía continuamente. Pero su constancia y determinación siempre la hacían superar los inconvenientes. Ella seguía asistiendo a clase de Empresariales en la UNED. En cuanto salía de su trabajo se dirigía hacia allí. En la cooperativa había conseguido  ya el cargo de Gerente. 

      Pasó unos años, trabajando durante el día en jornada intensiva y asistiendo a las clases nocturnas. Así terminó la carrera.  

Con los ahorros obtenidos por su trabajo, (porque ella había entregado la mitad del sueldo a su madre para contribuir en los gastos de la casa. Sus hermanos ya eran mayores y estaban independizados, por tanto tu ayuda económica ya no era necesaria). Se matriculó en un Master en Automatización Robótica y Diseño en 3D.

    La Cooperativa le facilitó un año de excedencia para realizar el Master.

Al terminarlo, regresó a su trabajo en la Cooperativa. Ella era lectora de periódicos de Economía y Negocios donde se anunciaban ofertas de empleo, los más a nivel directivo, o altamente cualificados.

      Un día leyó uno de ellos que decía así:

Importante Compañía de Electricidad internacional necesita cubrir, para su sede en la capital de España, un puesto de subdirector(a), los requisitos imprescindibles son:

Titulado(a) en Empresariales

Experto(a) Robótica y Diseño

Dominio de los idiomas inglés, francés  (al menos uno, preferentemente inglés)

Experiencia en el mundo laboral de un mínimo de cinco años en puestos de responsabilidad, dirección o asimilados a dirección.

Enviar carta manuscrita adjuntando curriculum vitae actualizado así como fotocopia de los títulos y/o estudios que posee.

Caso de ser seleccionado(a), se le avisará por correo o email.

      Aquel anuncio le hizo dar un vuelco al corazón. Parecía hecho a su medida.

      Por la tarde de aquel mismo día preparó la documentación requerida y escribió la carta a mano, tal como se exigía. Ella sabía que es una de las estrategias que utilizan los Departamentos de Personal en las que algún experto en caligrafía la analizaría para detectar la personalidad del solicitante. A la mañana siguiente, la cursó certificada y urgente en Correos.

       A los ocho días tenía en su email un mensaje en el que se la citaba en la sede central de la Compañía para asistir a una selección de personal.

      El día citado se presentó allí. Era un edificio de muchas plantas situado en una calle céntrica de la capital. Iba vestida con sobriedad no exenta de cierto toque desenfadado, propio de una mujer de su tiempo. Daba una imagen seria y  elegante pero al mismo tiempo con desparpajo y seguridad en sí misma. Es la imagen que tenía, la suya natural  y la que quería reflejar. En la salita de espera había algunas personas, todas ellas  pretendientes al puesto de trabajo-      

Los estudió discretamente uno por uno y llegó a la conclusión de que, aunque algunos (sobre todo una de las mujeres) destacaban por su imagen y personalidad aun sin hablar, ella no se veía en circunstancias inferior a ellos, así que, se sentó cómodamente en un sofá y esperó confiada a que la llamaran.

No fue larga la espera. Al poco, la que supuso una secretaria la acompañó al despacho del Jefe de Personal. Este estaba acompañado por otro señor que pronto supo que era un abogado experto en psicología. La recibieron amablemente y charlaron con ella por espacio de treinta minutos. Después la acompañaron a la sala de reuniones donde había cuatro candidatos que habían sido preseleccionados, para proceder a hacer unos tests.

Estuvo en la empresa toda la mañana. Cuando salió, comió en una cafetera cercana, y, tomando su coche, que había dejado en el parking, emprendió viaje de regreso a casa. 

      A la mañana siguiente reanudó su trabajo en la Cooperativa.

Pocos días después e-mails, comunicándole que había sido elegida para ocupar el puesto y que podría incorporarse al lunes siguiente desde la recepción del mismo, a las 9 de la mañana.

      Y así fue como Isabel ingresó en su nueva empresa. 

      En solo tres años de buen hacer profesional en su nuevo empleo, destacó de tal manera que un día la llamó a su imponente despacho del ático el Presidente del Consejo de Administración de la Empresa que, solemnemente le ofreció ocupar el puesto de Directora General. En este punto, la historia se engancha a la primera parte del relato.

FIN

     Comentario dedicado a la mujer trabajadora:

Curiosamente pero de manera reciente, está comprobado que las mujeres que ejercen los mismo trabajos que los hombres están peor remuneradas.

      La mujer, en general, pero en el mundo laboral en particular, se ven (nos vemos) obligadas a acatar normas o situaciones que nos dejan en desigualdad o desprecio, que humillan y complican la vida. 

      Uno de los aspectos es la dificultad en la conciliación laboral. Por ejemplo, tener hijos daña su carrera profesional, y esto sigue ocurriendo hoy  día, en países del llamado (a veces mal llamado) primer mundo. Están discriminadas laboralmente. Ser madre es un obstáculo en su carrera profesional o laboral. Sufre abusos de poder por parte del hombre, tanto en el trabajo como en otros ámbitos de la sociedad, en general para influenciar negativamente, menoscabando o perjudicándola.

      Un tercer y último aspecto negativo, aunque hay más, es el hostigamiento o acoso sexual, hecho este que desgraciadamente es más común de lo que se sabe, porque en muchos casos queda ocultado por pudor, y que produce en la mujer malestar físico y psicológico.

Por eso en este relato mío, aunque ficticio, he querido que la protagonista fuese una mujer de éxito, aunque sobrevenida de estratos sociales bajos, simbolizando y resaltando con ello la capacidad de superación y de sacrificio, de voluntad, esfuerzo e inteligencia de la mujer, que tenemos el o los mismos derechos que el hombre en todos los niveles de la sociedad y por lo tanto deberíamos también optar a las mismas oportunidades. Desde luego que proclamo mi apoyo, envío mi abrazo y resalto mi admiración a todas aquellas que lo consiguen, o lo hemos conseguido, animando a seguir luchando por una iguadad entre ambos. Cuando digo igualdad, es igualdad. No pretendo estar por encima de los hombres pero tampoco por debajo de ellos.

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