enero 11, 2021

DOROTEA WIGNER CRUZ (La de Magrillas)

DOROTEA WIGNER CRUZ  (La de “Magrillas”)   

Esta señora es una digna (otra más) y típica representante de nuestro pueblo, Arquillos, y de sus costumbres, las costumbres antiguas, de hace muchos años ya, y que hoy vamos  a rememorar, seguro que sí, contadas por una mujer adornada de virtudes, porque no solo es una buena persona de la que me honro en ser amiga personal,  sino buena esposa que lo fue,  madre y vecina de la localidad. 

Me resulta fascinante escuchar, de labios de estas personas,  historias de nuestro pueblo porque dotan sus relatos de un realismo, de una verosimilitud y de una pasión  que solo puede otorgar el hecho de haberlas vivido en primera persona. 

Me choca asimismo el cambio radical de las costumbres de antaño, de cómo era la vida, y las pobrezas y carencias que su época las obligó a vivir.

Era otra sociedad.

Pero dejo que sea ella la que empiece a contarnos su vida. Seguro que nos sonreiremos más de una vez y otras nos entristeceremos, pero seguro que  siempre emocionarán, porque es historia viva de Arquillos y de sus gentes de antes, de generaciones que nos precedieron. 

  ¿Cuándo naciste tú?

Pues mira fue en Enero, la verdad es que el día no me acuerdo bien, pero…ah sí…ahora…me he acordado porque fue la víspera de San Antón. 

   Ah, el día 16 de Enero de 1934.

Mira tú que fecha tan bonita.

Pues sí.  Yo le tengo mucha fe a San Antón.  Como puedes ver  lo tengo en todos los rincones de mi casa. Le estoy muy agradecida porque conmigo es muy milagroso. 

   ¿Qué milagros te ha concedido a ti?    

¿Te parece poco que no sabiendo ni leer ni escribir no haya quien me engañe a mí con el dinero? Y con las comidas, ¿quién me ha enseñado a guisar como yo guiso? Mira, Isabel, hago unas comidas…bueno, no lo digo yo, eh, es que me lo dicen.  Mis hijos vienen a  decirme que les haga de comer y yo pues tan contenta, a ver.  Cuando se sientan a comer me dicen:

” –Pero, máma, ¿cómo te puede salir esta comida tan rica? Nosotras le echamos los mismos condimentos que tú y no nos salen tan ricas como a ti”.  

Y yo les digo: 

“- Chiquilla, ¿qué le voy a echar yo?, pos que me salen así y ya está”.

Y esa gracia ¿por qué, por  qué la tengo yo? Pues que me la ha dado San Antón, buenoooo, ¡esa y más!

   Dorotea, ¿cuál es el origen de tu apellido Wigner?

Pues mira, Isabel, la gente que sabe me dice que alemán.

   ¿A qué se dedicaba tu padre?  

Mi padre trabajaba en el campo. Tenía unas poquitas olivas. Yo  ayudaba a mi padre en el campo. Me llevaba siempre de lazarillo, ¡si yo tengo más historias!… Claro, yo cogía una hoz  y hala, a segar, trabajaba a la par de él, igual que si fuera un hombre. Y mi hermana también.

No creas que te estoy engañando, que te juro que lo que digo es verdad. Además me conoce la gente y saben que lo yo digo no es mentira.  Algunas veces voy allí a mi cocinilla y se me olvida a qué voy, pero de lo que pasó cuando yo era chica me acuerdo de “tó”.

Cuando no cuidaba las vacas estaba con la borrica, por cierto que era zopa y muy vieja, pero íbamos con ella al río de Charco Claro a por agua. He trabajado mucho pero siempre honradamente. Antes no había tanta maldad, nadie se metía conmigo. También le hacia los “mandaos”a mi madre. Yo iba a comprar… ay, ¿cómo se llamaba la tienda aquella que había en frente de Beltrán? 

   ¿Sería la de Antonio Visagra?

Sí, esa era, nena, ¿es que la conociste tú?  

  Claro, mi madre también compraba allí a veces.

  ¿Ibas a trabajar en pantalón corto o largo?

¿Qué dices?, ¡me iba yo a poner pantalones!, que no, que no, con refajos.

Tiempo después se quedó mi padre con la huerta del padre de Joaquinito y venía al pueblo a vender los tomates, pimientos, pepinos, a ver, “pos de tó” lo que daba la huerta. Ah, se me ha olvidado decirte que cuando segábamos, llevábamos el trigo al molinillo Bayona. Bueno, sigo por donde iba… mientras mi padre venía a vender, nosotras nos quedábamos con los marranos en el Arroyo de las Navas.

   Me hablas de tu hermana, ¿cuantos hermanos tenías?

Tres, mi hermano “Nenillo”, mi Cristóbal y mi José, bueno y mi hermana  Ana María, e Isabel, que aún vive.  Mi Ana María murió muy joven, dejando a sus hijos muy pequeños, Ay, ¡pobrecita mi hermana! Y otro que murió. La mayor  yo,  ¿y la que más ha pasado?…yo también.

  ¿Cómo conociste a Juan, tu marido? Su apodo era “Magrillas” ¿no?

Cuando iba a los mandados lo veía en la calle. Mi madre era muy buena, siempre me advertía que no tardara en llegar porque mi padre era muy raro. Juan siempre estaba en la esquina  y me paraba para decirme que iban hacer baile, que fuera. ¡Es que era más gracioso!, con él se reían las piedras. 

  ¿Poníais la radio?

¿La radio? No teníamos,  es que de los amigos de Juan, uno tocaba el acordeón, otro la bandurria, otro la guitarra y no sabes tú la que liaban.

   ¿Algún que otro beso te daría “Magrillas” en el baile no?

Calla, chiquilla, un beso, digo, ¡un beso! ¡Que nooo…! Por él sí, pero yo salía corriendo,  cualquiera me pillaba a mí, ¡si yo tenía doce años!

  ¿Tan joven eras, Dorotea? 

Sí, sí, de verdad del Señor, que no te engaño.

  ¡Pues sí que has vivido años con él!

Pero tú ¿por qué te crees que lo estoy sintiendo tanto? Y no me quito el luto porque no quiero. Me casé con 22 años y él 24, después de siete años de novios. (Dorotea ríe).

Recuerdo que Juan se ponía en mi puerta a toser. Mi padre me decía:

”-Que tosa, que tosa lo que quiera pero que tú no vas a salir, que se espere sentado el ¨rosendón¨-le  dio por decirle “rosendón”-por mí puede estar toda la noche en la esquina”.

Pasaron unos años y Juan decía que mi padre tenía que darle permiso para verme. Yo, toda asustada le decía:

”-Calla, calla, chiquillo que mi padre te echa a la calle”. 

  Dorotea, sigo pensando que algún beso te daría.

Que te he dicho que no, ¿cómo me iba a dar a mí un beso? ¡Imposible! Por cierto, recuerdo una anécdota, y es que vino  un forastero al pueblo y se ve que yo le gusté.  Por las noches me cantaba serenatas junto a otros amigos.  Y mi  Juan pilló unos celos… y eso que a mí no me gustaba.

   Ja, ja, ja, Dorotea perdona que me ría, pero ¡me gusta mucho de la manera como me cuentas eso!

Además yo soy arisca; él me lo decía de novios, y de casados también. Eso no lo puedo remediar, es mi carácter, soy así. Él era un primor, muy zalamero, pero ¿yo?

Como tantas veces me decía arisca, yo le contestaba  que para qué se había casado conmigo, qué para que tanto toser y toser en la esquina pasando frío. Que se hubiera buscado a otra.

  ¿Le dio tu padre el permiso no?

Vaya… fue a pedirlo, pero no te lo pierdas, que no fue solo, fue acompañado de dos amigos.

  Ja,ja,ja… ¡Llevó escolta… Ja,ja,ja!

Sí, para lo que le dijo… ¿Qué crees que le dijo?

   No sé, no tengo ni idea.

Pues, que  de entrar en la casa nada, y en la puerta tampoco, que habláramos por la ventana.

  ¡Doroteaaa!

De verdad del Señor que no te engaño.  Pero no te creas que era una ventana como las de ahora, que aquella era una ventanilla, era como un cuadro así, (señala hacia un cuadro que medirá 30 X 40 centímetros)

Tú fíjate cómo estaban las cosas por entonces, que mi padres tuvieron un hijo siendo bastante mayores, y una de mis hermanas le dejó de hablar a mi madre por quedarse embarazada. ¿Tú te crees…? Yo creo que por vergüenza, porque ella tenía ya novio.

  Ay ¡qué cosa tan graciosa! Dorotea, sigue ¿Cuándo comenzaste a salir a la calle con tu novio?

Solo para San Antón y acompañada siempre, y, al acabarse la luz del día, en mi casa.

  Si llegabas algo más tarde no pasaría nada, porque ibas acompañada.

Uh, que equivocada estás.  Menudas regañonas, además la tomaba con mi madre y le recriminaba que ella era la culpable de que yo no estuviera en casa a la hora que él decía.

   ¿Cuándo empezaste a tener un poco más de libertad?

Cuando me  fui a  Barcelona con mi hermana para trabajar. Tenía que casarme y no había dinero. Juan fue a verme allí. También encontró trabajo y pasado un tiempo dijo que le diría a mi padre que íbamos a casarnos, habíamos ahorrado un poquillo.

Por fin nos casamos y nos fuimos a vivir a casa de la “Zapatilla”. Ellos vivían abajo y nosotros arriba. Allí nació mi Joaquina.

  ¿Estaba bien la vivienda? 

Bueno… si yo te contara… la habitación era una habitación normal, ni grande ni chica. Allí lo hacíamos “tó”.

   ¿Celebrasteis la boda?

Una chispa de refresco, un pericón y un refresco ya está.

  Por cierto que veo allí una foto tuya de novia. ¡Qué guapa ibas!

Me cosieron el vestido a medida. Fue Eufrasia, la madre de María. Azucena me prestó las arras, y los zapatos también me los prestaron.

¿Y sabes lo que hice con el vestido? Pues tuve que aprovechar la tela para hacerle vestidos a mis hijas. Sabes que tengo dos hijas y un hijo.  

 ¿Qué trabajo teníais por entonces?

Nos dejaron las higueras. Con los higos  sacábamos un buen dinero. Yo llevaba a mis hijos, muy limpios siempre. Tú, pregunta a ver si no te estoy diciendo la verdad. Mira que yo no te engaño, de verdad del Señor. Hacíamos un pan de higo riquísimo. Los que chanteábamos sí que estaban buenos también.

  Eso de chantear los higos ¿qué es?

Chiquilla ¿“pos”  no  te digo que he hecho de “tó”?

Hace falta una caldera, harina, agua, hinojo y tomillo. Te lo voy a explicar: ponías encima de las  trébedes, encima, la caldera llena de agua, como si fuera para una matanza, vaya.

Cuando empezaba a hervir metías una cestilla con higos durante diez minutos. Pasado ese tiempo se sacaba la cestilla y se envolvía con un trapo. Con esto se evitaba que se pudrieran y salieran gusanos. Por último se enharinaban. 

Lo vendíamos aquí y en otros pueblos.  Eso lo hacíamos  después de venir de cavar de labrar o de otra cosa, porque como se trabajaba tanto.

  Pues sí que se trabajaba, sí.

Que te crees ¿que la aceituna se cogía como ahora? La gente de ahora no sabe lo que es coger aceitunas. De jovencita yo las cogía “abarrañando”porque así me cundía más¡Nos poníamos de barro!… que eso no te lo he dicho. Hasta embarazada fui a la aceituna. Recuerdo que para subir a la sierra me decían que me agarrara a la cola del caballo para que se me hiciera más fácil el camino, a todo esto sin comer… así que fíjate.

Cuando llevábamos a pastar a las vacas, teníamos que cruzar el río, cosa que también hacíamos agarrada al rabo de las vacas.

Cuando se recogía el trigo espigábamos hasta la hora de la siesta.

Llegaba la hora de comer y a  ver ¿qué comíamos? No es que yo comiera jaramagos ni cáscara de habas, pero bueno… yo tenía una amiga que era muy buscavidas, porque el hambre te hace buscar la comida donde esté.

Una vez me dijo que fuera con ella a por habas. Le pregunté si tenía permiso del dueño y me dijo que sí.  Mira, había unas matas de habas… ay, ¡señor que habas había allí! Era por “Mojonrubio”.

El dia de su boda

Ella que era muy tuna me llevó por un camino extraño para mí. Me dijo:

”- Tú tienes hambre yo también, así que, silencio, que no nos vea el guarda, agáchate que no te vea”.  

Las dos escondidas entre el habar. 

  ¿Cogisteis muchas habas?

Que va, cuando nos fuimos yo llevaba mi cesta vacía, el miedo no me dejó cogerlas. Ella llevaba la cesta hasta arriba. Como mi amiga era tan buena me dijo:

”- Venga vámonos yo te daré la mitad.” 

Isabel, eso no era robar, porque lo que había era necesidad”… pero yo no fui más.

  Con la cebada y el trigo que recogíais, ¿qué hacíais?

La cebada la machacábamos y aunque nos llevábamos alguna que otra paja, por lo menos teníamos gachas. 

En su casa, haciendo migas en condiciones rudimentarias

Le doy gracias a Dios porque dentro de lo que había estábamos bien. Trabajando mucho, pero mira lo bien que estoy. Los años que tengo y como me muevo. Cuando venía de la aceituna bañaba a mis hijos con agua de la fuente. Y para beber la comprábamos del camión de Paco. Lavaba en “El Pilarillo” cuando había luna. ¡Ay Isabel, que me emociono!

  Tranquila, Dorotea.

Si es que mira… nos dieron un solar  y levantamos una casilla como pudimos, con peñones, que le llamaban ligaones Y poco a poco hasta que la tejamos. Sin enlucir nos metimos en ella.

Pero mira, dándole gracias a San Antón porque ya tenía una casa mía. 

¡No sabéis lo que tenéis y como vivís ahora!

  Dorotea, cuéntame algo de la trilla.

Cuando se trillaba dormíamos en las eras.

  ¿Por si os robaban el trigo?

No, por el calor.  Nos íbamos toda la familia. Allí estábamos fresquitos, porque como además teníamos “el Pilarillo¨cerca podíamos darnos un refrescón.

  Por esas fechas estabais casi para iros a Valencia ¿es así? 

Vaya, así es.  Mi  marido vino un día de buscar alcaparrones, y no trayendo muchos y muy descontento de lo mal que se le había dado el día le dijo a su hermano, que  vivía en Valencia, si podía buscarle un trabajo allí a él.  

Vaya si se los buscó…  pocos días después,  se fue para Valencia. Él se fue primero solo, y me dejó aquí con mis hijos. Como allí tenía  más gastos que otra cosa, decidió buscar una casa y que nos fuéramos nosotros, la familia, bueno, encontró una casilla de mala pelea en un pueblecito que se llama Torrente.Después me fui yo…ay, ¡cuando me vi en el tren… parecía  yo una yueca con los chiquillos!

La familia cuando vinieron de Valencia

   ¿Tú sola con ellos?

Pero cállate, ¡si me cogían el vestido y no me soltaban…que se me iban a perder!

   ¿Se te haría el viaje largo nó?

¿Largo? Pues me parece que fueron dos días y una noche.  

  En Valencia os cambió la vida mucho y para bien. Recuerdo perfectamente cuando volvisteis. Claro,  ¡ya tenías parné!

Gracias a San Antón Bendito. Tengo que darle gracias todos los días. ¡Ay mi San Antón!

  Dorotea, ¡cuéntame ya lo del dinero!

Ya, Isabel…espera que beba un poquito de agua que tengo la boca seca con tanto hablar… pero déjalo, lo estoy pasando muy bien con tu compañía esta tarde.  Bueno sigo, porque si no…

Mi  marido estaba trabajando en una fábrica en Moncada y yo también.  Mi marido se juntaba con otros compañeros en un bar, a ver, pues como hacen los hombres ¡leche!, tenían su ratico de tertulia y así fue como le pasó eso.

   Eso, Dorotea,  vamos, que parece algo malo. Yo creía que era bueno.

Fueron a la fábrica a decírmelo.

  A decirte ¿qué?

Pues que me fuera al bar donde estaba mi marido.

   ¿Para qué, qué le pasó?

Uy, una alegría “mu”grande, eso sí, al principio me asusté.

   Ay Dorotea, lo que me estás haciendo sufrir. ¡Dímelo ya!

Les pregunté muy asustada qué pasaba, ¡y me dijeron que a mi marido le había tocado una quiniela con mucho dinero!

   Hala! ¿Mucho?

Mujer para nosotros si fue mucho.

    ¿Cuánto?

Espera que te cuente…

Los amigos de mi Juan hacían quinielas, pero como él no sabía escribir no hacía, Un día le dije que si a él le gustaba el futbol que hiciera alguna. Al otro día se  la hizo un amigo y mira tú por donde le tocó. 

Iban en el tren como cada día y al Follete  le dio por mirar el periódico y le dijo:

”-Juan, ¡si viene un Juan Quel en el periódico!”. 

“-¿Dice mi nombre? calla, calla, a mí no me des sustos.”.

”- Que si Juan, que te ha tocado la quiniela”.

“-Casi tres millones, madre mía, ¡cuánto dinero!”

Antes de que nos diéramos cuenta ya teníamos allí a los del banco, y el del periódico, Que tengo guardada la foto.

  ¿La foto de la quiniela?

Que no chiquilla,  la que nos hicieron, ¿no ves que salimos en el periódico y “tó”?   Está muy viejo el periódico, pero no quiero deshacerme de él.  

   Te cambió la vida ¿eh?

Tú verás. 

   Y de vuelta a Arquillos otra vez.

Claro que sí, a mi pueblo, con mi Juan y mis hijos. Eso sí  ya vinimos en taxi. 

   Ja,ja,ja…

Espera, espera, que el que le hizo la quiniela nos pidió media parte.

¡No me digas, Dorote

De verdad del Señor, te juro (se da un beso en una cruz que hace con los dedos), El amigo le hizo la quiniela, pero él fue el que le dijo lo que tenía que poner.

   Te creo Dorotea, hay gente para todo.

¡Pero no se lo dimos! La suerte fue para nosotros y la quiniela la pagó mi Juan.

Yo estoy encantada de la vida en mi pueblo.  Tardamos “ná”en comprarnos una casa.

  Recuerdo que os decían los millonarios.

Ea  sí, la gente decía eso. Se alegró “tó”el pueblo.

Entonces, compramos la casa, le hicimos una poquita obra y la amueblamos. Compramos unos olivos y una huerta. La vida era otra cosa. 

   Yo era amiga de tu hija Joaquina.  Salíamos juntas.  ¡Parece que la estoy viendo, aquel San Antón!

Mira Isabel, ¿ves esta foto? Nos la hizo el retratista que venía de Vilches.  Mira mi Feli, montada en el caballo de cartón. A ver, entonces las fotos eran así.

Desde entonces hemos vivido bien.  “Pobretico”mi marido. Cuanto me acuerdo de él.  Ay, si no lo puedo olvidar. Era “mu”bueno “pa”mi.

Pero que le doy gracias a San Antón, porque mis hijos no me dejan, ni mis nietos. 

Yo no soy de ir a la Iglesia, pero creo mucho.  Lo que pasa es que siempre estaba en el campo, ¿cómo iba a ir a misa?

   Sois gente muy buena, me consta, No llores Dorotea, relájate. También sé que Juan te quería mucho.

No faltó quien nos quisiera timar, pero mi marido se guió por Francisco, el de teléfonos. Él sí que nos aconsejaba bien.

  Dorotea ¿me estoy haciendo pesada?

Que no, anda, cállate, ¿no ves lo bien que estoy que te lo estoy contando todo?

   Yo te lo agradezco.

¿Sabes una cosa?

  Dime

Cuando mi padre se murió me traje a mi madre, y al poco tiempo a mi suegra.  Te cuento esto como si fuera ayer, lo recuerdo perfectamente. Nena, que mi madre y mi suegra se cogieron celos. Madre mía, y yo con las dos aquí. Pero no les faltaba gloria bendita, de verdad del Señor. Todo se me figuraba poco para ellas y como podía, porque tenía dinero, pues les daba lo mejor. Yo dormía al lado de ellas en un canapé para tenerlas más cuidadas.

 Todo el mundo no hace eso, Dorotea.

Yo sí. Y estoy muy contenta, tengo la conciencia muy tranquila, no le tengo miedo a “ná”. Si necesito algo enseguida me lo dan, porque tengo  a mis tres hijos y a mis diez  nietos que son muy buenos. También tengo cinco biznietos. 

La vida nos da y  nos quita a los seres queridos. Pero no me puedo quejar, ya ves los años que tengo y como estoy. Estoy muy bien. 

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