diciembre 27, 2020

DEMONIOS EN MI ALMA

Un fuerte viento del Norte zarandeaba con violencia los álamos que estaban a poca distancia de la ventana del hospital. Se oían sus silbidos entre las rendijas de la ventana que ya por vieja, no encajaba bien, haciéndola cimbrearse levemente. Las copas de los álamos parecían estar sacudidas por una mano gigantesca. Arriba, en el cielo, grupos de nubes grisáceas circulaban a gran velocidad empujadas por el viento enfurecido aquella tarde, ya casi anochecido.

      Pura que era su nombre, miraba fijamente la sonda intravenosa que tenía insertada Isabel en el dorso de la mano.  

      Era el momento. 

Pura estaba allí, sola, era la enfermera que estaba de guardia, porque aunque había dos de servicio, en aquel momento sus dos compañeras atendían en otra sala que había al extremo del corredor a un enfermo que acababa de sufrir una parada cardiorespiratoria y era atendido junto a ellas por el médico de guardia.

      La respiración de Isabel era pausada, rítmica, parecía dormir plácidamente, pero en realidad no se encontraba bien, estaba en un semicoma. Los daños que le había causado el accidente de automóvil que había sufrido la tarde anterior y que había estado a punto de costarle la vida eran importantes, aunque no mortales. Los médicos confiaban en que saldría de aquella con vida, si todo transcurría bien, y aun sin saber si le quedaría algún trauma en estos momentos imposible de determinar, la opinión médica era que sobreviviría, salvo que  algo imprevisible ocurriera. Sólo si se la descuidaba en el tratamiento o se cometía algún error, su vida corría peligro, el resto dependía de la fortaleza de la propia paciente.

Mil pensamientos pasaban por la cabeza de Pura, pero aquel en especial, la atormentaba. La ocasión era clara, solo tenía que suministrarle a través del gotero una dosis superior a la medicación prescrita por el Dra. Manrique, para que Isabel sufriera un paro cardiaco casi de inmediato, dando lugar a su fallecimiento.

      Nadie sospecharía nada. Todo parecería normal, y ella, ellos, quedarían libres para vivir su amor. 

      Pero ¿qué había llevado a la situación  que  estaba viviendo y lo que estaba pensando en esos momentos? ¿Qué circunstancias habían sucedido, que juegos le había propuesto la vida para que estuviera a punto o al menos pensara seriamente en quitarle la vida a Isabel?

—o=o—

      Pura  y ella eran amigas. Habían compartido estudios juntas siendo aún unas niñas. Después, ya adolescentes, continuaron su amistad. Era la edad de los primeros escarceos juveniles, cuando conocían a chicos de los que se enamoraban con facilidad; esa edad en la que todo es ilusión, curiosidad, ansia por conocer el amor, por iniciarse en el sexo y conocer sus múltiples variantes aun con los riesgos que podrían tener por la poca experiencia. Pero ellas, las dos, no pensaban en esa posibilidad sino en la de empezar a disfrutar de los placeres de la carne. Ya llegaría a sus vidas el joven que realmente se adueñara de sus corazones; de momento, lo importante, lo vital, era sacarle jugo a la vida y a la frescura de sus años juveniles.

      Su amistad era muy fuerte. Mantenían vínculos estrechos pues habían compartido desde niñas muchísimos juegos y excursiones a otras ciudades, botellones y días de juerga en el campo y ya, de jovencitas, también vivieron experiencias más propias de los adultos, etapa hacia la que avanzaban ya de prisa. 

Por circunstancias de la vida, un día se tuvieron que separar. Pura se había decidido por el mundo de la medicina, mientras que Isabel quiso hacer Derecho y Psicología y para ello tuvo que trasladarse a otra ciudad lejana. Como los medios económicos de Isabel, y su su familia, eran importantes, incluso pudo estudiar en el extranjero, en la Universidad de Oxford.

      Isabel, nunca se comprometió en serio con hombre alguno, aunque con muchos disfrutó de las delicias del sexo, pero a poco de terminar las licenciaturas,  encontró un excelente trabajo en una multinacional inglesa y ella, que además de haberse especializado en las dos  carreras llegó a dominar excelentemente la lengua inglesa  se quedó a trabajar y a residir  en Londres. 

      Allí conoció a Javi. 

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      Javi era inglés, de cabellos rubios con ojos marrones. Alto, elegante no sólo en el vestir sino en la manera de hablar y de moverse. Aunque casi siempre vestía de manera informal, excepto cuando acudía al despacho de su padre, bufete de reconocida solvencia en Londres, que lo hacía elegantemente vestido, muy al estilo clásico inglés que le era propio.  

Isabel y él se conocieron en un cóctel en el que ambos coincidieron, y allí iniciaron una relación que acabó en boda. Javi era un hombre en toda la extensión de la palabra, de esos que de los que se enamoran fácilmente las mujeres.

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      Cinco años después, a Javi se le presentó la oportunidad de dirigir una empresa en España, propiedad de su padre, y como era hombre de negocios y de acción fue tentado a acometer el reto y convenció a Isabel a que lo acompañara. Esta planteó a su empresa que quería acompañar a su marido a España y consiguió, gracias a su prestigio profesional y a su ya reputado “curriculúm”, que la empresa accediera a que se trasladara a la Sucursal que esta tenía  en España, con lo cual el matrimonio no tuvo que renunciar a nada y se trasladaron a nuestro país.

Poco tiempo transcurrió desde su llegada a España para que Isabel y su marido invitaran a cenar, a Pura a su casa.

      Pasaron unas semanas. 

      Los tres amigos se vieron varias veces más, Pura incluso en alguna ocasión compartió cenas o asistencia a espectáculos acompañada por algún amigo ocasional, pero, lo que en realidad Pura quería era tener la oportunidad de estar en compañía de Javi, aunque este perteneciera a otra mujer.

Una noche, Pura, tras una de estas cenas a las que había asistido sola con el matrimonio, de repente, cuando estaban ya en el coche de regreso a casa, se dio cuenta de que se había dejado encima de la mesa del restaurante su móvil olvidado y le dijo a Javi que entrara a recogerlo. Javi, caballerosamente aceptó a ir a por él, pero Isabel, de temperamento hiperactivo que era, en un arranque típico de su carácter impulsivo, no le dio tiempo ni a abrir la puerta, saltó literalmente fuera del coche y se dirigió a la puerta principal del Restaurante que estaba a unos cincuenta metros de donde estaba aparcado el automóvil.

      Pura  y Javi quedaron solos. Solo había dado unos pasos Isabel  hacia el Restaurante cuando Javi, lanzó tal mirada ardiente a Pura que estaba sentada en el asiento trasero, que esta le devolvió con la misma intensidad. Sabiendo que Isabel aun tardaría varios minutos en volver, Javi pasó rápidamente al asiento trasero y abrazándola la atrajo hacia su cuerpo, aplastando sus hermosos senos contra su pecho viril, al tiempo que, inexorablemente sus bocas se acercaron dándose un beso largo, profundo e interminable, ansioso, en el que sus lenguas se enredaron una y otra vez recorriendo con húmedo calor, cada rincón, paseándolas entre los dientes y sorbiendo con ansiedad el aliento que el otro exhalaba.

      “- Pura, me  tienes loco desde el primer instante en que te vi. Yo  creía, amar a  Isabel, pero desde que te vi, solo pienso en ti, sueño contigo y quiero que seas mi mujer, necesito vivir junto a ti, necesito  oler tu cuerpo junto a mí al despertarme por las mañanas, acariciar tu pelo entre mis dedos,  contemplar como poco a poco tus párpados se abren a la luz, besarte la cabeza así y comerme tu boca.  

      Pura, que estaba como adormecida después del beso profundo, gozaba intensamente al oír aquellas encendidas palabras de amor y de deseo, y mirando intensamente a los ojos a Javi le contestó:

      “- Javi, mi vida, sabes que siento lo mismo que tú, fue conocerte y enseguida tuve deseos de estar entre tus brazos, de disfrutarte, de poseerte, de hacerte mío, pero Isabel  es mi mejor amiga, y no puedo traicionarla de esta manera”.

      “-No se trata de traicionar a nadie, amor mío, -dijo Javi-, es simplemente amor, es que nos hemos enamorado y no podemos apartar este sentimiento de nuestros corazones. Es superior a nuestra fuerza de voluntad. Las cosas se explican, se razonan y se llega a acuerdos. Mi vida, deja eso en mis manos, yo lo arreglaré”. 

      Como habían pasado ya varios minutos, Javi, muy a su pesar, se volvió al asiento del conductor, no sin antes decirle.

      “Cielo mío, mañana te llamo y hablamos del tema con más calma”.

Al momento apareció Isabel, contentísima por haber recuperado el móvil. Trasladaron a Pura a su domicilio, y allí se despidieron de ella.

      “Ya sabes Pura -dijo Isabel- el sábado que viene iremos a Málaga, me han asegurado que el “El Caminito del Rey“ es maravilloso, así como la playa de la Malagueta, a la cual podremos ir por la tarde a darnos un baño.

      El coche arrancó y se perdió en el recodo de la calle.

—o0o—

      La llamada de Javi para citarse al día siguiente dio lugar a una conversación en la que solo hablaron del deseo de pertenecerse el uno al otro, fue el principio de un idilio ardiente y apasionado. Cada palabra que se dijeron en aquel encuentro salía de sus apasionados corazones en estado incandescente.
      A partir de aquel día, cada vez que podían se encontraban, ella aprovechaba sus turnos libres, él siempre podía, era un alto cargo de la empresa y ajustaba sus tiempos según necesidades.  Se citaban en un hotel  donde  desfogaban su amor, que además de romántico y auténtico, era explosivo, insaciable,  lo materializaban con unas horas de sexo increíbles, ya que ambos eran muy ardientes, la pasión les hacía hervir la sangre de sus venas.  Javi era un hombre  líder en  cuestiones de sexo, muy experimentado en este campo por sus múltiples viajes, entre ellos muchos a Oriente, una de las cunas del sexo más exquisito. Se había convertido en profesor de Pura en la materia, enseñándole los mil y un placeres escondidos que el sexo puede proporcionar a una pareja cuando se es conocedor de arte de la “cama”

      Así pasaron unos meses. 

      Cada vez era más insoportable la espera entre un encuentro y el siguiente. Javi y Pura estaban unidos no ya solo por el vínculo sentimental, sino que parecía que sus cuerpos no podían vivir separados, y es que estaba hechos el uno para el otro. Sus cuerpos eran volcanes en erupción.

      La experiencia  de Javi dejaba sorprendida a Pura en cada encuentro, pues eran distintos unos de otros. Ella ni maginaba que podían existir delicias tan sibaritas y sofisticadas para hacer temblar de placer su cuerpo y dejarlo exhausto y con ganas de volver a sentir de nuevo… Pura  ya solo vivía para Javi, para sus caricias, y sus juegos eróticos. Le había abierto de par en par las puertas a un mundo desconocido de placer, un mundo que ella desconocía y del que no podía ni quería prescindir ya. Juntos se quemaban en las llamas del placer.

—o0o—

      Un día Javi no pudo contenerse más y habló con su mujer. Le abrió totalmente su corazón. Le habló con sinceridad, con honestidad, sin ocultarle nada porque pensaba que de esa manera Isabel comprendería que se había enamorado perdidamente de Pura su amiga, y que no podía hacer nada más que aceptar la triste realidad para ella. Javi le pidió perdón, pero con la mayor energía y seguridad solicitó asimismo el divorcio, prometiéndole que la dejaría en magníficas condiciones económicas, que le cedería la pequeña mansión en la que residían, dos de los coches (tenían tres) y una sustanciosa pensión vitalicia. 

      Toda la conversación se mantuvo en unos cauces educados, “civilizados” y aparentemente buenos para llegar al acuerdo de separación. Pero Isabel rechazó todas y cada una de las condiciones propuestas por Javi y se negó rotundamente a concederle la libertad. 

      Pasaron dos semanas.

      La ocasión se presentó de la manera más inesperada.

      Una tarde que Isabel tenía que ir a un Centro de Belleza de las afueras de la ciudad, a la vuelta, hora punta, con el asfalto mojado y poca visibilidad, un coche que venía en dirección contraria colisionó frontalmente contra el BMW que ella conducía. Ambos automóviles quedaron destrozados aunque Isabel salió peor parada ya que a ella tuvieron que sacarla del coche los bomberos.  Tenía fracturados varios huesos del cuerpo, lo peor había sido un golpe en la cabeza, que le había producido un derrame cerebral. 

      La coincidencia propició que Isabel  fuera trasladada al Hospital de San Agustin,- Jaén-, que era donde  Pura trabajaba. 

      Y en este punto, volvemos al principio de la narración.

—o0o—

Allí estaba Pura, con Isabel tendida en la cama. Inmóvil. Inconsciente. Indefensa. A Pura se le presentaba la oportunidad de poner fin a la vida de su amiga y, una vez liberado Javi de su atadura con Isabel, seria suyo para siempre, para disfrutarlo cada día, cada noche, sólo para ella, para gozar cada minuto de pasión sin dejar lugar para otra cosa entre el cielo y la tierra. ¡Dios… como se amaban y cuánto disfrutaban de sus cuerpos!

      La decisión debía de ser inminente. No se le iba a presentar otra ocasión como aquella. ¡Lo veía todo tan fácil!

      Nadie se enteraría. Isabel moriría en la inconsciencia, no iba a sufrir y nadie iba a sospechar de ella. 

Se decidió. Fue a la bandeja, cogió un vial y… a punto ya de introducir la jeringa para cargar el contenido de la medicación, un pensamiento le vino a la cabeza: ¿Y cómo iba a explicar a la Dra. Manrique que le había suministrado aquella dosis extra sin motivo? Y la sacudió el temor. Se puso a pensar, ¿Y si bajaba al almacén y extraía de la nevera algún frasco? ¿Quién lo iba a echar en falta , atiborrado como estaba el refrigerador? Podría hacerlo, desde luego, pero entonces, casi como en un milagro, Isabel abrió los ojos que tantas horas había tenido cerrados. Solo fue un instante, tan rápido que Pura llegó a pensar que era una alucinación suya de lo rápido que había sido, pero fue suficiente para que los ojos de color miel de Isabel, la miraran fijamente, con una tremenda intensidad. Aquello fue suficiente para que toda la fortaleza de Pura se viniera abajo, que la decisión que tenía tomada desde minutos antes se derrumbara como un castillo de naipes.

      Comprendió que ella no era una asesina, que no podría vivir al lado de Javi sintiéndose una asesina, y además que nunca podría contárselo a nadie, que si lo hiciera ,tal vez ni el propio Javi la comprendería y aceptara. 

      De repente, como el fogonazo de un relámpago, lo vio todo claro.

      Sabía, intuía, deseaba, todo a  la vez, que algo pasaría en algún momento. Que el tiempo pondría las cosas en su sitio. De momento ella seguiría viviendo su amor con Javi porque ambos así lo deseaban.  Aunque Isabel  no les concediera el divorcio, sabía que, al final, con el tiempo, tendría que ceder, no le sería sostenible vivir al lado de un hombre que no la amaba y que además la engañaba con una amiga suya, la que había sido la mejor hasta ahora. Era insoportable para cualquier mujer mantener una situación tal sin salida. 

      Pero algo sucedería, tenía que suceder, Eros intercedería para que así fuera, y algo ocurriría para que ella pudiera vivir al lado de su hombre sin cargos de conciencia. Ella no era una asesina. Quería sentir las caricias de las manos de Javi cada día y cada noche  sobre su cuerpo sin que se le apareciera a cada instante, con la llegada de cada orgasmo, el sentimiento de culpa. 

      Miró su reloj  eran las  21:30. Justo a esa hora tenía que administrar su dosis normal de medicamento a Isabel por vía intravenosa. El relevo de turno estaba a punto de llegar. Tomó la jeringuilla, y esta vez, convencida de que hacía lo correcto, la cargó con la dosis adecuada y se la administró.

      Fuera el viento seguía con sus rachas enloquecidas silbando por la ventana, pero Pura estaba en paz consigo misma.

      La puerta de la sala se abrió, y su compañera Inma entró en la habitación. 

      “- Bueno  chica,- le dijo con el tono jovial que la caracterizaba- ya puedes irte a casa. Que suerte, ojalá fuese yo la que terminaba turno”. 

      Se despidieron con un besito en la mejilla, aparte de compañeras eran amigas y, Pura, con paso decidido y su conciencia en paz, salió por la puerta hacia el pasillo, dejando tras de sí, en la sala, los demonios que, por unos momentos, quisieron apoderarse de su alma, pero segura de que Javi sería suyo para siempre. ¡Lo amaba tanto…!

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2 Comments

  • Preciosa historia de amor.
    La narración ha sido perfecta. Muy interesante de principio a final.
    Comenzada la lectura es imposible dejarla y llegado el final, aún quedan ganas de seguir, pues, a esta historia, me da que le queda mucho recorrido.

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