julio 27, 2021

CAROL

El final de las vacaciones se acercaba veloz. Habían vivido momentos intensos, llenos de pasión. Fueron unos días maravillosos. Juntos alcanzaron el éxtasis del placer. No quedó nada que no probaran. Todo cuando se pueda soñar entre hombre y mujer, ellos lo habían disfrutado. Pasearon por el firmamento tocando las estrellas. Entre montañas y laderas no hubo rincón que ellos no lamieran. Nadando por los ríos llegaron hasta el mar, donde surcaron las olas llegando a la playa envueltos en blanca espuma. El firmamento se les quedó pequeño… 

 

     Aquella tarde revivían con nostalgia cada uno de los segundos, en los cuales habían cerrado los ojos dejándose arrastrar por la mutua atracción que sentían. Sabían que les quedaba poco tiempo para estar abrazados. 

     Las horas pasaban. 

     Era Imposible detener el reloj para perderse entre sus minutos… coqueteaban atentos, eran maestros en darse placer mutuamente. Cruzaban miradas chispeantes fundiéndose en el fuego de su complicidad. Eran auténticos cómplices…se comprendían con solo mirarse a los ojos. Osados y divertidos recordaban la escena del ascensor. Si, una escena salpicada de pícaras palabras y caricias hasta llegar al octavo piso.

     Una escena muy deseada por ella fue la ilusión de mojarse juntos bajo la ducha…y el beso robado en la cubierta del barco. Parecían unos locos quinceañeros queriendo tomar de la vida todo lo prestado que ella les dejaba y que ambos disfrutaban. Ella sabía que todo cuanto la vida nos presta tenemos que aprovecharlo mientras lo tenemos. Les hacía gracia recordar la excursión a bordo del barco…encontrarse ella en brazos de él después de un ligero desvanecimiento. ¿Fue él quien aprovechó el momento, o fue ella quien lo provocó? No fue la casualidad, sino la complicidad entre ambos… 

 

     Jaime se llamaba él. Carol era el nombre de ella. Jaime y Carol escribían su historia. Una historia sin obligaciones ni compromisos, pero no por ello efímera.

     Pasearon por varias ciudades de Europa. Conservaban un tesoro de su visita a París. Estaban delante de la Torre Eiffel. Iban a tomar un selfiecuando, justo en ese momento, la torre se iluminó. Ohhhhh, ¡qué momentazo! Aquello fue magia, luz y color. Ya no importaba la foto. Todo quedó grabado en sus retinas. Muy a pesar de ambos había que pensar en la despedida. Todo estaba organizado de tal modo que cualquier acto que realizaran superaría con creces todo lo mencionado anteriormente.

 

     Carol se vistió para la ocasión y dio un pequeño retoque de maquillaje a su cara. No necesitaba mucho, pues poseía una belleza natural impresionante.      Estaba nerviosa… cuando llegó el momento de verse para ir a cenar.

    Carol sintió en lo más profundo de su corazón que Jaime no era el mismo. Él estaba como ausente, no la miraba como antes… parecía ser un extraño. Algo pasaba (pensaba Carol). Estaba confundida, no sabía en qué podía haber fallado para que Jaime no le prestara atención.  

     Ella, con la inteligencia intuitiva que poseía,preguntó varias veces a Jaime el porqué de su estado anímico. Pocas palabras salían de la boca de Jaime. El silencio era su voz. Aquella boca tentadora que tanto había besado no articulaba palabra alguna. Ella iba perdiendo la alegría que la caracterizaba. Carol sentía vergüenza… pues horas antes se había entregado a él totalmente desinhibida. 

Carol y Jaime se habían convertido súbitamente en dos desconocidos.

Era una situación tensa… Carol no sabía componer más notas. Las partituras del encuentro estaban acabadas.

     

     Se rompieron los esquemas y con ellos… las ilusiones. Se acabó la magia. Había llegado el final, si, pero un final que nada tenía en común con la despedida soñada. No hubo cena, ni besos, ni tan siquiera un abrazo. Se separaron con un hasta luego.Carol pensó que era la mejor forma de despedirse sin dolor, porque ella, muy a su pesar, estaba herida.

 

     Tumbada en la cama, sola y con música relajante de fondo, Carol escribe:

     “Todo cuanto he relatado eran mis ilusiones con Jaime. No hubo ascensor, ni estuve en Paris, solo tengo fantasías, esas fantasías que me hubiera gustado vivir con él. El Universo no se nos hizo pequeño… no surcamos las olas del mar, ni tan siquiera nos dimos un baño en la playa.

     Mis sueños van más allá del horizonte… quizá sea porque es la soledad la que siempre me acompaña y ampara. 

Así es como a mí me gustaría vivir mi vida, con la persona elegida… vivir momentos donde el azar ponga su varita mágica. ¡Que más hubiera querido yo que vivir esta apasionante historia! El universo se me quedó tan pequeño… que ni siquiera pude entrar en él… yo… Carol, la soñadora… ahora…ahora me duele el alma”.

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