enero 11, 2021

JOSÉ CALLEJAS NAVARRO

JOSÉ CALLEJAS NAVARRO  (El hijo de Simón y Agueda, que trabajaba en el “El Salido”) 

José es la persona más longeva  de las que he entrevistado.  Me llama poderosamente la atención ver y oír con mis propios ojos y oídos , que una persona a esa edad pueda estar tan pletórica de energía, tenga unas facultades mentales en perfectas condiciones, se exprese con un vocabulario correcto y defina y califique con precisión cada cosa por su nombre. 

Una novela es una obra que narra acciones que pertenecen total o parcialmente al ámbito de la ficción, así como la fantasía permite reproducir imágenes mentales que tampoco  pertenecen al ámbito de la realidad. Escuchar a este hombre, al que  faltan pocos años para llegar a centenario, narrar su vida, me ha recordado ambos conceptos, novela y fantasía, pero con el marchamo irrebatible  e incontestable de que todo lo que relata corresponde a la realidad más escrupulosa y exacta.

Todos han sido casos y situaciones reales, hayan sido dramáticos o divertidos, frustrantes o esperanzadores, que a mí  me han dejado con un regusto de respeto máximo  hacia una persona que tanta vida y experiencias acumula, mezclado con la maravillosa sorpresa de que, una vez más, sobra la novela o la fantasía cuando la vida de una persona ofrece tanta vivencia y diversidad de circunstancias como las vividas por personas como José.  

Tu nacimiento fue el 18 de Julio de 1926 ¿conoces lo que sucedió  un día y mes similares, pero diez años después para que ese día pasara a tener su propia celebración?

Fue un día muy especial y muy triste el del Alzamiento contra la Segunda República Española. 

Cuénteme todo lo que pueda y recuerde para mí y nuestros lectores, seguro que todo será muy/muy interesante.

Desde luego, pero permíteme introducir mi relato entremezclando detalles, porque no quiero que se me escape alguno de relevancia. Recuerdo cuando hicieron la carretera, que vino  una máquina muy grande  ¡un maquinorro! y todo el pueblo íbamos a verla porque nos llamaba poderosamente la atención. Era una máquina asentadora  para dejar firme la carretera. Como chiquillo que era me quedaba embelesado viéndola funcionar. No iban sólo los niños porque los más grandes nos animaban a ir,  yo tendría seis o siete años, sino, como te he dicho, más gente.  Al construir el puente estuve pendiente de la foto que le hicieron a dos republicanos muy famosos, eran Hernández y Galán.

 ¿Cuando usted nació había luz eléctrica?

Que va, la luz aquí la pusieron en mil novecientos cincuenta y cuatro.

 ¿Se alumbrarían con un candil, claro?

Con un candil y te voy a decir más, si el candil era deficiente porque por alguna  causa necesitábamos alumbrarnos más, echábamos tablas a la lumbre y con las llamaradas que se producían teníamos una luz estupenda, pero no se podía dejar de atizar la lumbre porque nos quedábamos a oscuras y si veíamos la cosa mal nos íbamos a la cama a dormir.

¿De qué se hablaba por entonces?

De las movilizaciones. Era la conversación más traída y llevada, pero no solo se hablaba y escuchaba, sino que  se comenzaba a sentir lo que estaba por llegar.  Se convocaron las primeras elecciones legislativas, elecciones libres, pero los resultados no fueron los deseados por ambas partes porque las ganaron la parte trabajadora, los que eran de izquierdas.  El Capital, que eran los de la Derecha, no estaba de acuerdo, porque como se luchaba por la defensa y los derechos de los trabajadores, el Capital estaba en desacuerdo.  Creo que hubo lugares donde las elecciones se tuvieron que repetir por inconformismo por la parte de la Derecha. Yo tenía diez años y parece que lo estoy viviendo ahora mismo.

 ¿A raíz de todo esto da comienzo la Guerra Civil Española no?

Pues sí,  así comenzó la contienda.  Aquí quedamos en la zona roja porque éramos los que defendíamos a los trabajadores. Era gente leal porque había respetado el resultado de las elecciones. Los azules no fueron leales, y por ese desacuerdo dio comienzo la guerra. Hay mucha historia que contar, pero de una parte no tengo interés en hablar de ello. 

 ¿Fueron muchos hombres de aquí al frente a luchar?

Según se iban abriendo frentes se  los iban  llevando. 

¿Qué trabajos había  para ganarse la vida?

Había una gran finca propuesta para la Reforma Agraria aplicándole la Ley de Fincas Mejorables. El propietario era un ricachón. De estos terrenos se hicieron muchas parcelas y se repartieron entre las familias que quedaron, porque otros muchos se fueron de aquí.

 De esa forma digamos que cada familia trabajaba sus propias tierras.

Se produjo un cambio importante en la producción  y podíamos enviar alimentos a los que estaban luchando.

 ¿Y usted qué hacía?

Antes de seguir con la entrevista, Isabel, mejor nos tuteamos, ¿no?

 Muchas gracias, sigue por favor.

¿Yo? Trabajar como si fuera un hombre porque me pagaban el jornal y tenía la obligación de cumplir con los deberes del trabajador.  Trabajando y  a veces pasando hambre.

 ¿Tus padres vivían?

Los dos

 ¿Cuantos hermanos tenías?

Siete. Yo fui un privilegiado porque fui el primer hijo y el primer nieto, y toda la familia estaba volcada conmigo.

 José lo cuenta todo con mucha tranquilidad y sabiduría. Es un hombre genial.

 Cuando la finca empezó  a  dar rendimiento  ya se pasaba menos hambre, había recursos, teníamos nuestros propios huertos, cerdos, gallinas, cabras, en fin que mejoramos bastante, además había comida para enviar al frente, como te he comentado antes.

 ¿Durante cuantos años tuvisteis la finca repartida en parcelas?

A pesar de habérsele aplicado la ley que se le aplicó, un día vino el dueño y recogió parte de lo producido, vamos que de  lo que habíamos obtenido gracias al sudor de nuestra frente el tercer año, se tuvo que repartir a medias con él.  Así que su mitad la recogió limpia, cosa muy injusta ya que él no había trabajado ni hecho esfuerzo alguno.

 Con lo bien que había venido aquella reforma y mira.

Tú verás, se sembraban garbanzos, patatas, judías, de todo.

José en la actualidad

 ¿Qué te parece si me dices algo de la posguerra?

España estaba hundida, a mi padre, que  era el mayor de su casa, lo metieron en la cárcel porque durante la guerra fue Alcalde Pedáneo de aquí de El  Porrosillo.  Como nos pilló en la  “zona roja” se lo llevaron las fuerzas de ocupación, que es como se les llamaba.  Los de derechas lo ocuparon todo. También  se llevaron a gente a campos de concentración. 

Cuatro zagales  fuimos los que quedamos por aquí para trabajar.

 ¿Cuánto tiempo estuvo tu padre en la cárcel?

Estuvo dos años, pasando por varias cárceles, en la de Arquillos, Córdoba, Pueblonuevo, y Peñarroya, también en un campo de concentración. Yo tenía cumplidos por aquellas fechas los trece años. 

A esa edad me contrataron para cambiar de lugar los  equipos que tenían los ingenieros,  topógrafos y ayudantes que estaban delimitando el término de Arquillos. Con un mulo los transportaba de un lugar a otro, les llevaba la comida y todo lo que necesitaban, me pagaban muy bien, igual que si hubiera sido un hombre.  Después fui pastor.

¿Te gustaba el ganado?

Calla, pasé más que las ruedas de las navajas por ahí tirado en el monte, ganando doce duros al mes (sesenta pesetas), era muy poco. Me daban un celemín de garbanzos, quince kilos de harina y tres litros de aceite, ¡al mes! Con eso ayudaba a mi casa. Mis hermanos, según iban creciendo también contribuían con lo que ganaban, así sacábamos la casa adelante.

¿Cuantas cabezas de ganado llevabas en el rebaño?

No eran muchas porque estaba compartido con otros pastores. Yo llevaba toda la parte de ganado débil, las cojas, las mal paridas, las que no podían andar por viejas, las que estaban más secas que una raspa de bacalao. 

  Ja.ja.ja …¡qué hombre este!

En total unas cuarenta o así, pero imagínate  que entre ellas llevaba a tontas y a locas.

Ja, ja, ja…

Tiempo después me avisaron para trabajar en la finca de “Las Yeguas”para cavar los olivos. Nos pagaban 35 pesetas por cada ciento de olivos, además de un kilo de harina de cebada sin cerner.  

 ¿Para qué os daban la cebada?

Para comer.

 Pero llevarían mucha paja, ¿no?

Mi madre la preparaba bien y nos la comíamos.

Un día vino conmigo  a trabajar el hijo del hombre que me busco el trabajo, había venido con permiso de la mili.  Vinieron a  vernos su madre y la mía que venían de Arquillos de comprar, porque aquí no había tiendas.

¿Iban en burro? 

Andando, más de una hora para ir y otra hora para venir y además cargadas con la compra que habían hecho.  Nos dejaron una ración de pan a cada uno, el pan era de cuatro picos y se repartía en cuatro pedazos y algo para acompañarlo.

Dejamos la talega colgada de un olivo,  y de pronto veo al compañero corriendo que se las pelaba. Voceando le pregunté qué pasaba y me grita:”- ¡Que nos roban la comida!”. Así que trabajábamos muchas horas, nos pagaban poco y encima pasábamos hambre.  Nos decían que había que sacar a España adelante.  

Recuerdo  que cuando trabajaba por el Río Segre tropezaba con zapatos retorcidos de muertos enterrados en el barro.

 ¡Ay,  José,  se me está revolviendo el estómago!

Hija mía eso era lo que yo viví.

 Cambiamos de tercio.  ¿Cuándo te casaste?

Uy, ja,ja,ja,…(ríen al unísono José y su mujer).  Mi mujer y yo somos primos hermanos.  Siempre nos llevamos muy bien.  Me fui a la mili cuando el ejército estaba casi normalizado pero había muchos soldadosporque siempre quedaban cinco quintas retenidas por si sucedía algo estar preparados. Cuando volví hablábamos mucho los dos y nos gustaba ir a todos sitios juntos.  Yo tenía veintitrés años  y mi mujer dieciséis. 

Como siempre íbamos juntos se rumoreaba que éramos novios, pero no, ni siquiera estaba enamorado de ella.  

 Entonces ¿cómo os casasteis?

Un amigo me dijo que si nos llevábamos así de bien que nos casáramos. Lo pensé, se lo propuse y le pareció bien aunque no estuviéramos enamorados. Le pedimos la dispensa al Papa y nos la concedió. Yo la quería mucho como prima, pero enamorado no estaba. Aunque con el tiempo terminamos enamorándonos.

 Que culto eres,  José.

Antes de empezar la guerra aprendí a leer y a escribir en una pizarra chiquitita, negra, en la que escribía con un pizarrín.  He leído mucho y sigo leyendo, casi todo lo aprendido fue por voluntad propia.  Bueno a lo que iba, mi mujer quería que la enseñara a escribir y a mí eso  me vino muy bien porque así entraba más a su casa y estábamos más cerquita uno del otro. Tenía miedo a fallarle si nos casábamos porque mi abuela me dijo que un hombre que tuvo la misma situación que yo 

Con su esposa hace unos años 

se dejó a la novia plantada en el altar. Uy, aquello se me quedó grabado y me daba muchas vueltas por la cabeza, porque ellos eran también primos hermanos.

Habéis sido felices, bueno, ¿sois felices?

Ya nos ves, juntitos, somos muy felices y nos llevamos muy bien. No la he maltratado nunca de ninguna forma, la he respetado al máximo. Hemos tenido desavenencias pero todo de forma soportable.

¿Cuantos años lleváis casados?

Sesenta y cuatro.  Tenemos tres hijos, un varón y dos hembras.

  ¡Sesenta y cuatro años! Ya son años José.  Cambió mucho tu vida al casarte?

Nos casamos por la mañana y no tuvimos noche de bodas, tuvimos siesta de bodas.  Ella iba de blanco, y la casa  no la vio mi mujer hasta que no nos casamos, esa era la costumbre. Pero chiquilla, me mandó el Señor un dolor de muelas aquella noche que rabiaba, tuvimos que ir a Arquillos andando a que me la sacara el médico y cuando me la sacó  nos volvimos andando otra vez aquí al Porrosillo, con un calor que hacía… le decía a mi mujer: “- Niña, vámonos al pozo que sale el agua muy fresquera y me enjuago la boca”.

 ¿Recogisteis mucho en la boda?

Cinco duros.  Los padrinos pagaron los gastos que hubo.

¿La celebración que tal fue?

Con la familia, en la casa tomamos unas bebidas que elaboraban las mujeres y unos dulces caseros también. 

Si, para empezar aquel mismo mes que nos  casamos pusieron luz eléctrica.  Comencé a trabajar en una finca como capataz, formaba cuadrillas para los trabajos y me hice Guarda Jurado de unas tierras de Aldeaquemada, tenía que pasar por entre ganado vacuno bravo y cruzar el pantano en una barca que construimos con tablas y bidones.  Un día me salió una vaca que había debajo de un chaparro y casi me coge, mi suerte fue que tenía la cría al lado y se enganchó a mamar, si no… a  lo  mejor no estaría aquí ahora. En aquella finca estuve hasta que murió el dueño y la heredaron los hijos.  Seis horas andando desde El Porrosillo a Aldeaquemada y desde la Aldea a Vilches una hora de ida y otra de vuelta en burro, cada día que íbamos a comprar.  

Poco después cambié de trabajo  y me hicieron un contrato de tractorista en “Las Cabrerizas”.

 ¿Tenías carnet de conducir?

Por supuesto, aprobé el teórico a la primera y el práctico a la segunda.  ¿A que no sabes dónde hice el examen?

 Ni idea José.

En la Plaza de Toros de Jaén.

 ¡Olé! Ja,ja,ja…

 Imagino que de tractorista estarías mejor.  ¿Es así?

Calla chiquilla.  El terreno estaba lleno de maleza.  No veas lo que pasé hasta dejar la tierra en buenas condiciones. Había muchas cuestas, un día el tractor se embaló y yo no era capaz de  reducir la velocidad, cuanto más intentaba reducirla más corría el tractor, hasta que me dije: “José, tírate”,  y me tiré.

    Te tiraste del tractor, ¿qué te pasó y adónde fue a parar el tractor?

Yo unos arañazos y algo de dolor, el bicho aquel se voleó y se destrozó. No volví a trabajar más allí.  Uf, no lo pasé mal ni nada…  

¿Dónde te fuiste?

Encontré trabajo en “El Salido”, allí trabajé hasta que me jubilé de capataz de la finca, encargado de todos los trabajos.

 ¿Contrato con sueldo, a jornal… cómo trabajabas en el “Salido”?

¿Crees que  a mi trabajo se le podía poner sueldo si yo trabajaba las veinticuatro horas del día? El campo no tiene horarios y yo tenía mucha faena. Lógicamente dormía y descansaba, pero sin horas.

José, eres muy culto, demasiado como para haber aprendido tanto tú solo.  Algún secreto debes guardar.

Mira Isabel, al “Salido”iba mucha gente que tenía carreras universitarias, unas veces eran ingenieros, otras veterinarios, biólogos,  peritos, médicos, etc… unos iban por cosas de trabajo y otros de visita, a echar el día en la finca. Todos se expresaban muy bien, y a mí me gustaba aprender de ellos y con ellos.  De cada conversación que mantenía con alguno me quedaba algo bueno retenido en la memoria, así día tras día, semana tras semana, fui aprendiendo. Cuando no comprendía algo preguntaba y me lo explicaban; yo tenía ansías por aprender, saber los significados de cada palabra.  Por la noche, en la cama, hacía un repaso mental para memorizar todo cuando había aprendido.

 Eras una esponja que lo absorbía todo.  De ser joven ahora podrías llegar a ser Presidente de los EEUU. 

Ah, una cosa, en el “Salido” también trabajaba mi mujer, llevaba una granja de gallinas. Mi mujer era la granjera y  cuidaba de cinco o seis mil gallinas.

 Discúlpame, José, ¿no te habrás equivocado al decirme la cantidad de gallinas que había?

Ni pensarlo, había todas esas. Ella les ponía el pienso para comer, recogía los huevos, los clasificaba y los ponía en las cajas para cuando vinieran los camiones a cargarlos, eso sí, todo estaba automatizado pero era ella quien lo controlaba  todo.

 ¡Por falta de huevos no sería! Ja,ja,ja,…

  Habrás conocido mucha gente a lo largo de tu vida.

Para la recogida de aceituna venía gente de muchos pueblos.  Antes no había nada mecanizado, todo se hacía a mano. La finca daba mucho trabajo. Era un trabajo duro  y los dueños pretendían  que con el mínimo gasto se  sacara el máximo rendimiento, pero conmigo se trabajaban las horas estipuladas y se ganaba el salario que marcaba la ley.

 ¿Hay alguna anécdota por ahí escondida?

Alguna hay.  Mira una vez llegó a la finca un matrimonio para trabajar que tenía doce hijos. Entre ellos venía una hija con quince años. A cada uno se le pagó su salario pero a la hija le correspondía cobrar como una menor.  Entonces me dijo la chiquilla, “- Hombre,  José, cómo me va a pagar usted menos,  que yo tengo una hija”.  A ver qué iba a hacer si la chiquilla era madre con quince años… ¡pues le pagué como a una persona mayor!

He dado con gente muy buena y cuando alguien merecía ganar algo más se le pagaba.

Tienes que ser muy consciente de la diferencia de vida entre tu juventud y la de ahora porque hay un abismo.

Hay muchísima, pero en todo, en lo bueno y en lo malo.  La misma diferencia que tú puedes imaginar de ahora a mis tiempos es la que veo yo, solo que al contrario.

 De la juventud de 2018 ¿qué piensas?

La juventud ha escogido el camino equivocado, con eso te lo digo todo. Dios, cuando creó el mundo nos dijo que había dos caminos: el del bien y el del mal, que cada uno anduviera por el suyo. La juventud, te repito,  ha tomado el camino equivocado.

Me asombran tus sabias palabras.  Creo que el camino equivocado está lleno de gente porque el mundo no está bien.

Es que a los que queremos ir por el buen camino nos ponen muchos obstáculos. Lo primero que hay que hacer es educar a los hijos en las casas con el ejemplo de los padres, inculcarles los buenos valores, que aprendan a valorar lo que tienen que es mucho, que comprendan que ahora son jóvenes pero que ellos serán los grandes hombres y mujeres del futuro. 

Pienso que el amor, en todo, es lo más importante, que cada día se aprende algo nuevo.  Mira lo que hice por amor: 

Solía llevarme la comida al trabajo junto a mi “ración” de tabaco.  Un día que no tenía, hice venir a mi mujer a traerme la talega con el costo cuando lo hubiera comprado. Pero cuando la vi llegar, cansada y embarazada que estaba por aquel entonces, casi a punto ya de dar a luz,  con lo que yo la quería, me di cuenta de que aquello no estaba bien, y me dije a mí mismo:”- José, ¿Cómo puedes hacer venir a tu mujer con la comida pero sobre todo para que te traiga  tabaco?– Y me añadí –desde hoy no vas a ponerte más un cigarro en la boca”. Promesa que cumplí, y hasta hoy. 

A mis noventa y dos años sigo aprendiendo, pero la juventud cree que ya lo sabe todo. A mí me dan pena porque, teniéndolo casi todo, a la vez tienen muchas carencias. 

¿Hacia dónde nos conducirán estos caminos?

La pregunta es complicada, porque a mí me da igual que cambie para una cosa o para otra porque, a mi edad, ¿qué puedo esperar si he asumido lo que me traía  la vida  con muchas contrariedades y estoy acostumbrado a todo? Pero a la gente joven se le va a poner la cosa mal, pero que muy mal, porque está todo muy revuelto. No son casos puntuales los que se dan, es que está todo liado y confuso  por todos sitios. A ver si los políticos fueran capaces de frenar esto y elaborar las leyes con una justicia ecuánime para todos.

Isabel, no me gustaría que mis hijos  tuvieran que pasar por otra guerra civil, eso es lo peor de lo peor, y acostumbrados como están a una buena vida…no quiero ni pensarlo.

 José muchísimas gracias por tu amabilidad.  Tu historia me ha enriquecido mucho, he aprendido contigo que la vida, a pesar de ser cruel en muchas ocasiones, también nos aporta muchos momentos gratos. Tú mismo me has dicho que, pese a todo, también has disfrutado mucho porque siempre supiste caminar por los buenos senderos.

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